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Chile, un país sin política energética

Marco-Enriquez-OminamiChile carece de política energética: el rechazo a HidroAysén, Barrancones, la judicialización del desarrollo eléctrico que denunciamos desde hace años, los cinco ministros en menos de dos años, el sostenido aumento de las tarifas eléctricas y de los precios de los derivados del petróleo; la declaración de zonas saturadas o latentes en más de una treintena de ciudades, entre las regiones VI y XI; el aumento de la dependencia y vulnerabilidad de nuestra matriz, y el aporte creciente de emisiones de CO2 al cambio climático, son parte de una larga lista de hechos que dan cuenta de la ausencia de política energética y de propuesta estratégica alguna. Esta falta de política energética no se transforma en colapso cada cuatro años, porque el costo de éstas las pagan las pymes, la gente y el medio ambiente. El marco regulatorio, heredado de la dictadura y prácticamente inalterado durante los gobiernos democráticos, se ha encargado de consolidar(nos) como rehenes en lugar de consumidores o ciudadanos.

Proponemos: cambiar el más vendo, más gano, hoy imperante, por el mejor usamos la energía, más ganamos todos; cambiar el tarifado y procesos de formación de precios (incluyendo el Sipco); el masivo fomento de las energías renovables (a diferencia del actual gobierno, que ha desconocido propuestas iniciales del 20% a 2020); cambiar los métodos de evaluación ambiental de los megaproyectos energéticos; sentar las bases para un cambio de la matriz energética, sucia y cara, por otra limpia y menos vulnerable; y, finalmente, fomentar una participación informada de la gente en la toma de decisiones respecto de éstos. En suma, proponemos cambiar las reglas del juego de los mercados energéticos, única opción de enfrentar adecuada y oportunamente los desafíos energéticos, ambientales y de competitividad.

Nuestra propuesta tiene los siguientes objetivos:

i) asegurar un abastecimiento oportuno y a costos razonables;

ii) reducir la vulnerabilidad y dependencia;

iii) mejorar la competitividad;

iv) incluir y considerar los impactos ambientales en los precios de la energía;

v) transparentar mercados energéticos y fomentar la competencia;

vi) contribuir a la equidad y facilitar el acceso a la energía a los sectores desfavorecidos de la población; vii) estimular y fomentar la participación informada de la gente; y, finalmente,

viii) asegurar liderazgo del Estado y establecer una mayor simetría y coordinación entre políticas económicas, ambientales y energéticas.

Para el logro de estos objetivos, destacamos las siguientes medidas:

1. Negawatts o Negajulios, más con menos: Será punta de lanza de nuestra política energética, el uso eficiente de la energía y las energías limpias y verdes, entre las que destacan la gestión de la demanda y especialmente las medidas de carácter estructural, que apuntan al cambio en los patrones de consumo energético.

2. Suministro de energía seguro basado en energías convencionales y no convencionales: Se establecerán los instrumentos de mercado y de política de fomento para asegurar la transición de una matriz sucia, cara y dependiente en el suministro de energía de fuentes convencionales, a nuevas fuentes de energía que nos permitan instalar una matriz limpia y a costos razonables. Un 30% de la matriz energética al 2025 estará basado en energías renovables.

3. Programa de Leña Sustentable: que cubrirá al 2025 la mayor parte de los requerimientos de calefacción y agua caliente de las regiones VI a la XI. En cuatro años, lograremos desarrollar modelos de “gestión del calor”, que permitirán sacar a la mayor parte de las ciudades y localidades declaradas zonas saturadas o latentes por partícula fina y gruesa, derivado del uso de leña húmeda.

4. Programa de Transporte Sustentable: Propiciaremos el desarrollo de un sistema de transporte sustentable con énfasis en el transporte público. Para ello, fomentaremos el desarrollo de proyectos piloto a partir de nuevas tecnologías, modelos de desarrollo y de negocios, así como nuevas fuentes de energía, como el hidrógeno; así como la adopción de diversos instrumentos de desarrollo urbano y espacial que considere la energía y el medio ambiente.

5. ENAE: Impulsaremos la creación de la Empresa Nacional de Energía. La ENAE tendrá como objetivo esencial “abrir” mercados y desarrollar nuevas tecnologías y fuentes de energía, para luego estimular la entrada de privados (pymes).

6. Investigación y Desarrollo (I&D): Instalaremos condiciones sin precedentes para mejorar, crear y desarrollar nuevas fuentes de energía y nuevos materiales, nuevas miradas y nuevos modelos de negocios, mejores y más transparentes mercados, así como personal científico y técnico para el desarrollo de estas nuevas opciones.

La experiencia a nivel mundial, en especial de los países de la OCDE, da cuenta de que las verdaderas y más eficientes respuestas a los desafíos energéticos y ambientales no se encuentran necesariamente en una mayor oferta de energía, sino en el tipo de ciudades que alentamos erigir, en las construcciones térmicamente eficientes que propiciaremos, así como los cambios de procesos que fomentaremos a nivel industrial y minero.

No habrá cambios en las reglas del juego en los mercados energéticos sin cambio de responsables de la política energética, que luego de más de 40 años han sido incapaces de asumir responsablemente los desafíos ambientales, de desarrollo, de equidad y de competitividad que reclama una energía limpia, accesible, segura y de costos razonables.

Marco Enríquez-Ominami es candidato presidencial del PRO
Miguel Márquez es Asesor en Energía del PRO

Columna publicada originalmente en El Mercurio, 2 de diciembre de 2012

Categories: Política Energética
  1. Ruben
    01/01/13 a las 16:44 | #1

    MEO vendria a ser nuestro Chavez… retorica fácil, pero ignorante, que propone soluciones impracticables y absurdos. No se salva uno, salvo los que son tan ambiguos que en realidad dicen nada.

    Empresa estatal de energia… como si el dinero malgastado y robado en el pasado no fuera suficiente.

    Penoso que Chile se sume al populismo de la region, lo que nos faltaba.

  2. peter
    13/12/12 a las 11:24 | #2

    Estoy 100% en desacuerdo. La verdad no creo que el estado deba imponer una “política energética” pues no se necesita. Por ejemplo el estado no tiene un política de plantación de tomates y todos nos abastecemos de tomates sin problemas!.

    Creo que el problema de Chile se base en los siguientes puntos:

    1-) la ley y es status quo hace imposible que la pequeña generación entre a los sistemas, la buracracia es algo fatal ya que para el sistema actual da lo mismo si voy a entrar con 20 MW o con 1500 MW ya que piden los mismos papeles y requisitos.

    2-)Chile es un pais muy muy pequeño lo que facilita que se muy pocas empresas tenga el control total del sistema, generando así barreras de entrada a nuevos participantes (si no me creen vean el ejemplo del SING). Es por esto que se debería limitar % de participación de empresas gigantes, facilitando en ingreso de nuevos agentes.

    La verdad el mercado es una excelente forma de definir nuestra matriz, y aunque suene impopular, si no hay energía más verde es simplemente porque lo gente no lo quiere pagar!.

    Tengo PANICO que es estado metas sus manos al sistema generando incentivos falsos y subsidiando energía con plata de todos, favoreciendo nuevamente a pocos.

    Tambien a este candidato le falta peso en su solución, ya que no propone nada concreto.

    Por último nunca hay que olvidar que ningún politico NUNCA a solucionado en profundidad los problemas y por lo general cuando el estado se mete en los mercados sale todo mal. Sino vea el caso de Codelco o de España.

  3. Jaime
    11/12/12 a las 11:06 | #3

    Comparto absolutamente el Espíritu y el Norte planteado por MEO y creo que es el ideal de una inmensa mayoría, a excepción de aquellos que por su particular modelo de negocio ven afectado sus intereses.

    Lamentablemente la inercia que lleva la actual rutina, la demanda eléctrica que se espera por las inversiones y proyectos y por supuesto los conflictos técnicos que generan algunas tecnologías verdes en los Sistemas Interconectados requieren una transición a baja aceleración pero constante, no es posible salir del barrial levitando pero si controlando muy bien el acelerador.

    Es necesario e inevitable seguir conviviendo con las tecnologías contaminantes como base energética, pero como muy bien se plantea transparentando las “externalidades” y compensando efectivamente a quienes la subsidian, como es el estado a través de los costos en salud (y otros más) de la población y las zonas locales que van al sacrificio por el resto del país. Esta compensación no necesariamente deba ser dinero directo a cada uno de los dañados o a las arcas fiscales sin un fin preciso, ni comprar la contaminación de otros… quizás aquí se encuentren gran parte de los fondos para financiar la I&D, y los Programas Sustentables de múltiples proponentes.

    Fijar las nuevas reglas del juego necesariamente requiere de que hoy “ganen un poco menos” todos aquellos (que no son muchos) que hoy sacan la planta del País a toneladas por día… y esa diferencia tome la dirección correcta.

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