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Crisis energética y cuidado del medio ambiente

Chile enfrenta una aguda escasez de energía, reflejada en la cuadruplicación del costo marginal de la energía eléctrica desde mediados de los 2000, cuando Argentina nos cortó el gas natural y aumentó el precio mundial del petróleo. Tenemos costos de energía entre los más altos del mundo, que empobrecen a nuestros hogares y reducen la rentabilidad de nuestras empresas. Carlos J. García estima que el alza del precio de la energía ha reducido el PIB en 2% y el empleo nacional en 2,8%.

El desarrollo de nuevos proyectos de generación de energía es inhibido por sus conflictos (reales o percibidos) con la preservación del medio ambiente y por una institucionalidad aún inmadura. De hecho, se estima que se acumulará un déficit de dos mi MW en la oferta de energía del Sistema Interconectado del Centro (SIC) hacia el 2020.

¿Cómo se puede encarar racionalmente esta crisis energética, buscando minimizar el impacto ambiental de nuevos proyectos? En Res Publica Chile (RPC), mis colegas Jorge Quiroz y Andrea Tokman están liderando la discusión de propuestas que buscan compatibilizar energía con medio ambiente. Entre éstas, destaco las siguientes siete ideas.

Shale gas. Para no llegar tarde a la importación del gas esquisto a precios convenientes, conviene establecer un consorcio público-privado, que lidere acuerdos internacionales y apoye el desarrollo de la infraestructura necesaria. Al cabo de su maduración, recomiendo privatizar la participación estatal en éste y en los demás consorcios mixtos propuestos abajo.

Participación local en beneficios de proyectos. Para beneficiar a las comunidades en que se realizan las inversiones, se propone colocar un impuesto a toda inversión con evaluación ambiental aprobada, cuya recaudación sea retenida localmente.

Institucionalidad. Se ha avanzado en la institucionalidad de la protección ambiental, pero quedan incoherencias administrativas y una judicialización excesiva de los proyectos de energía. Se propone transformar el Servicio de Evaluación Ambiental en un organismo autónomo para fortalecer sus evaluaciones independientes, a fin de que tengan mayor peso en las posteriores decisiones políticas de los Consejos Regionales y en las decisiones judiciales.

HidroAysén. La favorable relación entre sus enormes beneficios en energía y sus muy acotados costos ambientales (con embalses que inundan poco, en una región de altísima pluviometría y densidad boscosa) hace impostergable la construcción de las centrales de HidroAysén y de otras hidroeléctricas del extremo sur.

Carretera eléctrica. Para superar conflictos y descoordinaciones, el desarrollo de un sistema de transmisión eléctrica interconectado, desde Punta Arenas hasta la frontera con Perú, requiere de la participación del estado en otra empresa mixta.

Fomento de energías renovables no convencionales (ERNC). La licitación de energía entre generadores de ERNC puede aportar mucho a su desarrollo.

Acuerdos con vecinos. El logro de acuerdos internacionales inteligentes para la compra de gas a Bolivia y de energía eléctrica a Perú debería buscarse desde ahora.

Completo el decálogo de ideas con tres propuestas personales (que no son de RPC).

Centrales de pasada. Se observa una muy desfavorable relación entre los bajos beneficios energéticos y los enormes costos ambientales de las centrales hidroeléctricas de pasada en la gran zona centro-sur de Chile. Aportan poca energía, secan los ríos (impidiendo su rol de cortafuegos) y destruyen nichos ecológicos enteros en zonas ambientalmente frágiles de escasa pluviometría. Abogo, por tanto, a no concederles beneficios de ERNC y a someterlas a evaluaciones ambientales coherentes con los daños que provocan.

Energía nuclear. En contraste con las centrales de pasada, hay una muy favorable relación entre altos beneficios energéticos y muy bajos riesgos ambientales en la generación eléctrica por plantas nucleares. Hoy se están construyendo 66 plantas nucleares en los 14 países más importantes del mundo, que elevarán el aporte de 13% que hoy hace la energía nuclear a la electricidad mundial. Poniendo fin a décadas de vacilación, Chile debe aprobar ahora el desarrollo de centrales nucleares por una empresa mixta, con plantas nucleares localizadas en el Norte Grande o al sur del Golfo de Taitao, alimentando la carretera eléctrica que deberá unir a todo el país.

Impuesto al CO2 . Para reducir la contribución de Chile al calentamiento global, y hasta que funcione el mercado de bonos de carbono, se justifica la colocación de impuestos a la emisión de CO {-2} por fuentes fijas, como las termoeléctricas.

Avanzar en estas propuestas requiere que éste y el siguiente gobierno inviertan un gran capital político en cortar el nudo gordiano que tiene paralizado el desarrollo de la matriz energética, pero cuidando la insustituible riqueza medioambiental de Chile.

Klaus Schmidt-Hebbel es profesor titular de la Universidad Católica de Chile y ex-economista jefe de la OCDE

Publicado originalmente en El Mercurio, 6 de noviembre de 2012

Categories: Política Energética
  1. Francisco
    04/03/13 a las 22:02 | #1

    En Chile existen recursos de sobra para generar energía limpia. Creo que si bien nuestra matriz (sobretodo la del SING) es en general sucia y contaminante, difiero en quitarle la etiqueta de ERNC a las centrales de pasada de hasta 20 MW de capacidad instalada.. Los impactos no son tal cual como se describe en el artículo; una central de pasada está diseñada para captar el flujo de las aguas y restituirlo en otro punto aguas abajo (luego de haber sido utilizado para generar la energía mecánica por gravitación para mover la turbina y generar electricidad).. cabe destacar que el caudal (magnitud) utilizado por una central se le otorga la DGA (dirección general de aguas) luego de un estudio en el que se calcula el caudal disponible restándole el caudal ecológico (un mínimo para asegurar la preservación del ecosistema existente en el tramo del río), un caudal de sobrevivencia (relativo al uso humano) y el utilizado por otros derechos de agua relacionados a terceros.
    Del mismo modo, las centrales de embalse (aunque retienen las aguas y pueden regular el caudal a utilizar, es decir, su potencia disponible y finalmente la energía generada), también están diseñadas para evacuar el caudal ecológico y de sobrevivencia; la diferencia, es que al acaparar las aguas también se acumulan residuos dentro del embalse que finalmente contaminan el aire.. desde luego menos que una central térmica, pero contaminan igual.
    En fin, mi comentario iba a no desmerecer el gran recurso que nos entrega la privilegiada hidrografía de nuestro país, la cual si es aprovechada cuidadosa e inteligentemente puede brindarnos energía renovable sin la necesidad de contaminar el medioambiente..

  2. 22/11/12 a las 11:42 | #2

    Sin duda es la propuesta más inteligente que he leido o escuchado. Si bien discrepo de algunos puntos, como la energía nuclear y las centrales de pasada, por lo menos es un planteamiento serio digno de discutirse.

    Respecto de la crisis de energía, hay que destacar que es una crisis de consumidores (los que pagan los altos costos de la energía y pierden competividad) y no de los generadores (que se benefician con altos ingresos al existir escasez).

    La tragedia de Chile es que nadie entiende que el sector energía está reservado a los privados y son ellos quienes califican las condiciones favorables o no para la inversión. Los gobiernos deben focalizar sus esfuerzos en tener un marco regulador claro para los inversionistas y que proteja los intereses o bien común de los ciudadanos. Un marco regulador serio no permitiría que un consejo de ministros pueda pasar por sobre todas las instancias anteriores ya sea para aprobar un proyecto o para negarle el permiso final.

    Gran parte de la crisis actual se debe a decisiones desafortunadas de las autoridades (presentes y anteriores) respecto de proyectos que teniendo todas las instancias exigidas intermedias superadas favorablemente se le niege el permiso final. Una decisión así de bananera claramente siembra la incertidumbre en los inversionistas, los cuales necesitan estabilidad y pragmatismo de las instituciones reguladoras.

    Si el modelo es consecuente con sus bases fundamentales de desarrollo del sector, es el mercado el que decide si una central de pasada o una fuente de ERNC es o no rentable, no la autoridad.

    Lo único que deben tener claro los consumidores es que el sistema actual no permite subencionar los costos de energía y por ello la decisión de invertir o no está radicada exclusivamente en los inversionistas y no en los gobiernos. Si no hay mayor inversión en generación es sencillamente pórque el marco regulador de la actividad (eléctrico y medio ambiental) no da las seguridades necesarias para la inversión. Así de simple.

    El problema de la inversión en el sector eléctrico es que requiere de grandes volúmenes de dinero que requieren de amortizaciones de largo plazo (20 años o más) y de reglas estables y permanentes en el tiempo, al margen de gobiernos que duran sólo 4 años.

    ¿Porqué no pensar en orgnismos estables tipo Banco Central para el sector eléctrico, conservando el rol principal de los privados?

    Dejémos de pensar en modelos no aplicables a Chile como muchos países europeos donde la subención a los precios de energía es el factor clave para el desarrollo de la actividad. Aquí no son ni aplicables ni recomendales.

    Guillermo Paredes
    Asesor de Proyectos de Energía

  3. Jaime
    21/11/12 a las 19:43 | #3

    Siendo un novato en el tema creo que faltó un punto fundamental; la Eficiencia. gran tema pendiente, pero enfocado grandes consumidores (industriales y mineros), muchos de los cuales en sus proyectos y mantención rutinaria priorizan un bajo costo de inversión inicial por sobre equipamiento mas costoso pero de mayor eficiencia.

    Respecto a la energía nuclear discrepo absolutamente y existen muchos motivos por los cuales debería estar fuera de todo plan pues no es competitiva, desvía recursos de otras tecnologías limpias y contrae altísimos riesgos, por lo mismo esta tecnología hoy en día sobrevive gracias a subsidios estatales de los países fabricantes y de lo amarrados que están con ella, y en otros países como EEUU llevan mas de 30 años sin inaugurar una nueva, entre algunas razones:

    -Altísimos costos de inversión inicial entre 6.000 a 8.000US$/kW (escenario conservador)
    -Si bien los costos de operación hoy son bajos (bordean los 20US$/MWh) en un futuro se dispararán debido a que el Uranio, abundante en la naturaleza pero en muy bajas leyes, cada vez son mas escasos los yacimientos rentables y también muy pocos proveedores en un mercado complejo.
    -Tiempos de construcción promedian los 10 años. ya para Chile no es alternativa ni para el 2030, pues el desarrollo de profesionales capacitados localmente, crear una marco regulatorio, los temas políticos y sociales habría que sumarle varios años más.
    -¿Bajos riesgos ambientales? en un poco más de 50 años de existencia como alternativa de generación eléctrica nos recuerda de 2 grandes desastres, entre ellos uno reciente que traerán consecuencias ambientales por cientos de años y cientos de miles de millos de Euros (sólo por Chernóbil, sin contar a Fukushima) en costos económicos, mas los problemas de fugas y otros rutinarios que no salen a la luz pública o que son minimizados.

    Estas plantas no emiten CO2 pero si emiten radioactividad, quizás en bajas concentraciones pero constantemente mediante todos sus sistemas de refrigeración, el tema de la radioactivadad tiene dos aristas principales, las concentraciones y el tiempo de exposición por tanto la segunda es sin dudar un potencial contaminador. Ahora si se entra en el tema de disposición de residuos del combustible gastado, el cual genera un gran riesgo y costos de un guardado relativamente seguro (desde accidentes, terremotos hasta terrorismo) esto se pone mucho peor.

    La energía nuclear hoy en día no es competitiva y prácticamente no tiene quien la financie y es claro, por los altos riesgos involucrados (muchos proyectos han duplican y hasta triplicado los presupuestos iniciales), los plazos excesivos de construcción y de retorno una vez entrada en operación comercial. por otro lado, las responsabilidades civiles ¿quien las asegura? qué compañía de seguro y a qué costo aseguraría estas plantas y los potenciales daños productos de desastres de cualquier índole. Si se ésta dispuesto a correr este riego al menos se debería colocar un seguro potente, capaz de cubrir potenciales daños colaterales si algo sale mal y me imagino que la prima de ésta terminaría dejando totalmente fuera de mercado.

    La energía nuclear debería quedar en manos científicas para seguir siendo estudiada de forma responsable con mucha dedicación, prudencia y respeto pero en un ámbito de investigación y no con fines comerciales, pues hoy en día no existe la tecnología para controlarla de forma segura y ante eventos de magnitud como Fukushima, quienes las han diseñado, construido y operado… no saben que hacer y deben improvisar, eso habla del enorme desconocimiento y falta de desarrollo de quienes se auto denominan especialistas. Para el caso de los desechos hoy no existe tecnología para asegurar una disposición limpia y altamente segura de sus desechos los cuales se han pateado para el futuro y bajo responsabilidad de quienes aún no han nacido de resolver este problema.

    hay muchos casos de tecnología que ha creado el ser humano que ha quedado guardad por décadas o que se ha desarrollado bajo marco investigación, la cual ha resurgido una vez perfeccionada… la tecnología nuclear se le dió el “vamos” con tecnología muy inmadura y con muchos hoyos para tapar en el camino. hoy la tecnología nuclear representa un poco más del 10% de la generación a nivel mundial no es de gran relevancia en el mercado ni menos solución para el futuro.

  4. peter
    14/11/12 a las 12:10 | #4

    Todo bien hasta el Impuesto al CO2.

    Hasta el día de hoy no entiendo para que existe y menos si se aplica localmente.

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