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Uso del carbón para el abastecimiento de energía

central termoelectricaEl análisis de la evolución de nuestra economía en los últimos 60 años muestra que el país no puede aspirar sino a tasas de crecimiento del PIB en torno a 3% por año, si la productividad, estancada ya por varios años, no vuelve a crecer. En el análisis técnico hay un amplio consenso: un elemento determinante para volver a una productividad creciente es la seguridad y calidad del abastecimiento energético, a precios que apoyen la competitividad de los sectores productivos, en particular de la minería y la industria, muy intensivos en energía, y claves para el desarrollo del país. Pero para lograr energía a precios competitivos y con eficiencia, tal que resulte en mayor crecimiento económico y no en subsidios con efectos negativos, el país debe asegurar que el costo marginal de proveer la energía -el costo de adicionar la energía para dar satisfacción a una demanda siempre creciente- resulte en precios competitivos.

La hidroelectricidad en Chile, salvo en el corto plazo, no afecta el costo marginal de proveer energía, y no afecta los precios de la electricidad en el país. Descartada la energía nuclear, ese costo marginal, que determinará el precio futuro de la energía para usos productivos y domésticos, depende del costo de recurrir a fuentes energéticas posibles de expandir sin límite para satisfacer la demanda, y va desde los US$ 60 por MWh si se trata de carbón, hasta US$ 180 por MWh si se trata de petróleo diésel. Pero, pudiendo aspirar a los US$ 60 por MWh, el país se encamina a precios de energía muy elevados luego de 2016, al estar en riesgo las inversiones relevantes en energía de base sustentadas en carbón, combustible que podría ser el determinante del costo marginal de generación.

Los avances tecnológicos permiten utilizar la generación en base a carbón sin costos excesivos de contaminación local, como lo prueba la reciente puesta en marcha de generadoras de este tipo en Europa, y la actual construcción de 30 plantas junto a otras 70 plantas ya planificadas en esa región. Por otra parte, Chile aparece responsabilizándose indebidamente por el efecto sobre el calentamiento global de la generación en base a carbón, al frenar su utilización de este combustible, mientras en el mundo, como dio cuenta un reciente artículo en este medio, hay 1.231 plantas a carbón en construcción y se anticipa que el uso de este mineral crezca 65% en los próximos 25 años. Varios son los proyectos en base a carbón que han enfrentado problemas en el país, en especial en la zona norte, donde Castilla y Punta Alcalde han sido paralizados. Entre ambas representan más de 3.000 MW, energía muy relevante para asegurar la viabilidad de los numerosos proyectos mineros en carpeta.

Desde una perspectiva puramente táctica, si en algún momento se fueran a poner en práctica límites efectivos al uso de combustibles fósiles, es probable que ello sea a partir de los niveles de utilización existentes en ese momento en cada país, lo que hace preferible incorporar tempranamente ese tipo de energía en la matriz chilena. Y también debe considerarse la posibilidad que, como anticipan científicos muy relevantes, la solución al calentamiento global venga de la geoingeniería, sin dejar de utilizar combustibles fósiles y emitir CO2. Nuestro país está arriesgando gravemente su potencial de crecimiento y el nivel de vida de su población al renunciar en los hechos a permitir que sea el carbón el que ajuste oferta y demanda por energía, y por ende el que determina su precio doméstico.

Editorial de La Tercera del día 23/10/2012.

  1. Jaime
    06/11/12 a las 16:25 | #1

    Buena tardes señores,

    Hoy en día se habla mucho de los daños que podría provocar a la productividad y competitividad, el no disponer de energía a un costo razonable requerida para mover la industria. Pero lamentablemente los costos medidos son relativos y las “externalidades” no se integran a la formula.

    Los riesgos deben estar totalmente claros como sus costos y si una sociedad está dispuesta a asumirlos, los costos se debieran distribuir de forma justa. Hoy en día (en Chile) la Utilidad termina siendo en una tremenda proporción privada, en su mayoría grandes inversionistas, proveedores transnacionales y emprendimiento locales y el beneficio para el resto de la sociedad son los impuesto, el empleo y el mayor poder adquisitivo. Pero las externalidades, aquellas innombrables son de cargo exclusivo de la Sociedad, en términos económicos directos y de calidad de vida.

    ¿Cuanto se habla de los costos reales? Hoy en día se está en conocimiento de gran parte de estos costos externos pero como en muchas partes del mundo, dan números muy poco presentables y por tanto muchas de las sociedades deben subsidiar este costo oculto, con el afán de “no introducir distorsiones al Mercado”. Lamentablemente las tecnologías de generación disponibles son las que ya conocemos, y nos son muchas y aunque tibiamente se asoman las tecnologías renovables, técnicamente (más que económicamente) son complemento y faltaría mucho tiempo, dinero y desarrollo para que se transformen en una alternativa.

    Pero el tema de la matriz es un cosa y el tema de los costos es otra. Quizás si se impulsara a transparentar los costos y parte de esta diferencia se ocupara en desarrollo de tecnologías alternativas abría una mayor esperanza para quienes heredarán este planeta. A seguir se cita algunas estimaciones que se asocian a los costos no asumidos en base a estudios realizados en UE, México y Chile:

    —Desde 1991 la Unión Europea mediante los programas ExternE (External Costs from Energy) y NewExt (New Elements for the Assessment of External Costs from Energy technologies), ha involucrado a más de 50 equipos de investigación en 20 países para estimar y valorar los costos externos de las diferentes tecnologías de generación eléctrica, llegando a sólidas conclusiones que han mejorado el diseño de las nuevas políticas públicas para el sector eléctrico. de acuerdo a ExternE, se han evaluado en 1,9 US$/MWh para la generación eólica; 6,2 US$/MWh para hidráulica; 24,2 US$/MWh para gas; 76,9 US$/MWh para petróleo; y 77 US$/MWh para carbón. Esto implica que, de incluirse el costo externo, el costo de generación de electricidad mediante carbón o petróleo se duplicaría; y mediante gas natural se incrementaría en 30%. La Comisión Europea, en base a ExternE ha estimado que estos costos significan entre 1 y 2% del Producto Interno Bruto de la UE (entre 85.000 millones y 170.000 millones de euros), sin considerar el costo adicional del calentamiento global y el cambio climático. Este es el monto del subsidio oculto que reciben las energías sucias cuando la regulación y la economía no internalizan el costo social y ambiental de dichas tecnologías de generación.

    En México, producto de la evaluación efectuada por la Secretería de Medioambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), desde el año 2000 termoeléctricas mexicanas que consumen carbón, se estiman en un promedio ponderado de 50 US$/MWh. Pero en el caso de México sólo se estimaron los costos de las externalidades en salud provenientes de emisiones atmosféricas de dióxido de azufre (SO2), óxidos de nitrógeno (NOx) y partículas. No se incluyó el impacto sobre el medioambiente, ni los gases de efecto invernadero.

    En el caso de Chile, al igual que México, se ha analizado principalmente los impactos de la generación termoeléctrica sobre la salud humana. Los estudios oficiales que fundamentan la promulgada norma de emisión para termoeléctricas, y en particular el informe “Impacto Económico y Social de la Norma de Emisión para Termoeléctricas” de 2009, estima que reducir parcialmente las emisiones de las termoeléctricas al año 2020, significaría un ahorro de 20 US$/MWh, solo en gastos de salud. Como efecto de la disminución de emisiones al límite permitido por la Norma hacia el año 2020 se obtendría un ahorro en gastos de salud de US$ 672 millones al año, y este monto podría ser mayor si se hubiera considerado enfermedades como el cáncer. La norma chilena tampoco consideró impacto en el ambiente, la agricultura, ni la pesca.

    Se estima que para el año 2020 la generación térmica de electricidad en Chile alcanzará 50.000 GWh; si en este contexto las emisiones normadas se llevaran a cero, el ahorro solo en salud, sería de US$ 1.000 millones al año (Geoaires y Kas Ingeniería, “Análisis General del Impacto Social y Económico de una Norma de Emisión de Termoeléctricas”).Si a ello se agregara el ahorro que significa evitar los impactos en los cultivos, la producción de alimentos, las edificaciones y el medioambiente, en Chile se llegaría a valores de costos externos de la generación térmica similares a los evaluados en la Unión Europea. Es decir del orden de 60 a 80 US$ MWh.–

    Quizás es momento de redefinir el concepto de “Progreso” más allá de los límites de la productividad y consumo y más urgente aún, es fundamental que el desarrollo de nuevas tecnologías empiece a ser financiado por quienes más contaminan… los fondos ya están. En estos tiempos el mayor riesgo está en dejar que el “Mercado” resuelva estos temas en donde éste es totalmente ciego.

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