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El sector eléctrico chileno: Un desafío país

En el último tiempo, el desarrollo eléctrico de Chile ha estado en el centro de la discusión pública. Los altos precios de la energía, la creciente judicialización de los proyectos, la preocupación por el cuidado del medio ambiente y el impacto en las comunidades aledañas, entre otros temas, han dado argumentos para sostener un debate que aún no encuentra consenso. Sólo este año, la discusión se ha visto marcada por diversos hechos que han generado reacciones en distintos sectores del país, siendo el reciente fallo de la Corte Suprema sobre la Central Castilla el último episodio.

Ante el abanico de opiniones por estos hechos, a veces se pierde de vista la discusión de fondo: el desafío que significa desarrollar el sistema eléctrico chileno, de tal forma que nos permita generar energía más limpia, segura, económica y sustentable, y que a la vez logre satisfacer los requerimientos que el desarrollo económico y social de nuestro país tendrá durante las próximas décadas.

Durante los últimos 15 años, el desarrollo eléctrico estuvo marcado por el gas natural argentino: entre 1997 y 2006 su disponibilidad a bajos precios dio lugar a la construcción de cuatro gasoductos y alrededor de 4.000 MW de capacidad de generación con ese combustible. Su posterior interrupción obligó a reaccionar reconvirtiendo a diésel las centrales existentes de ciclo combinado y construyendo centrales a carbón y petróleo, para enfrentar el crecimiento de la demanda en esos años.

Como resultado de esto, se incrementó significativamente la participación de combustibles fósiles en nuestra matriz eléctrica, pasando del 32% en 1996 a un 62% en 2011. Si bien este tipo de generación resulta segura y estable, genera impactos en el medio ambiente, nos hace más dependientes energéticamente del extranjero, ya que debemos importar prácticamente la totalidad de estos combustibles, y nos hace vulnerables al comportamiento de los precios de éstos en los mercados mundiales.

Este importante desarrollo de centrales térmicas (representaron casi el 80% de todas las centrales de generación construidas en los últimos 15 años), que tienen la particularidad de poder instalarse cerca de los centros de consumo, unido a una falta de planificación a largo plazo, fue postergando en los últimos diez años las inversiones en transmisión eléctrica, lo que nos ha llevado a tener hoy día un sistema debilitado, con falta de capacidad en varios tramos, y con frecuentes situaciones de congestión.

Esta debilidad impide, en ciertas ocasiones, poder transportar energía producida en forma más barata a la zona central del país por falta de capacidad en las líneas de transmisión, obligando a reemplazarla por generación a petróleo a un costo mucho mayor.

Mirando hacia los próximos 10 o 15 años, enfrentamos los siguientes desafíos como país:

En primer lugar, ser capaces de construir a futuro la capacidad de generación eléctrica que el país necesitará para sostener el crecimiento esperado de su PIB, haciendo uso de los recursos que el país posee, incorporando nuevos actores al mercado e impulsando el desarrollo de las energías renovables no convencionales (ERNC). Este desafío requiere comprender y asumir como país que nuestro desarrollo trae aparejado un crecimiento en la demanda de energía y debemos resolver de qué manera la vamos a producir.

En segundo lugar, revertir la actual debilidad de la transmisión eléctrica, introduciendo un nuevo enfoque en la materia que logre robustecer y extender las redes, que permita bajar el costo de la energía pudiendo transportar energía barata desde donde ésta se produzca, que permita interconectar los dos principales sistemas eléctricos (SIC y SING) que hoy dan cuenta de más del 98% de la demanda eléctrica del país, y que permita desarrollar el potencial de las energías renovables que poseemos a lo largo y ancho de nuestro territorio.

En tercer lugar, darle un fuerte impulso a la eficiencia energética, creando una verdadera cultura a este respecto en la población y en la industria, desarrollando programas e iniciativas que han probado su eficacia en otros países y que nos permitan reducir en un 12% el consumo eléctrico proyectado para el año 2020.

Frente a estos desafíos, el Gobierno se encuentra trabajando intensamente en varias iniciativas orientadas a abordar y resolver varios de estos temas, como, por ejemplo, el proyecto de ley de Carretera Pública Eléctrica y el de Concesiones y Servidumbres, ambos actualmente en trámite en el Congreso; la interconexión del SIC con el SING; el fuerte impulso a una serie de programas de eficiencia energética contenidos en el Presupuesto del año 2013.

Sin duda, estos desafíos trascienden el período de gobierno del Presidente Sebastián Piñera y por ello su solución requiere una mirada país de largo plazo, que permita sopesar responsablemente los intereses colectivos de Chile y su proyección futura.

Por Jorge Bunster, Ministro de Energía. Publicado originalmente en El Mercurio.

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