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La huella de la energía

juan eduardo errazurizMe desalienta ver a los actores políticos invirtiendo ingentes esfuerzos en discutir cambios al sistema electoral, en impulsar aumentos del número de parlamentarios, en promover primarias obligatorias o el voto en el extranjero, reforma tributaria u otras reformas políticas. Me amilana no verlos ocupados, con el mismo esfuerzo y entusiasmo, de otras materias, mucho más urgentes y decisivas para nuestro futuro.

No pretendo descalificar las iniciativas mencionadas ni desconocer la legitimidad de ocuparse de ellas. Lo que sí afirmo es que existen otros temas, considerablemente más importantes, que reclaman de todos un tratamiento inmediato, si no queremos tirar por la borda el esfuerzo que hemos hecho por décadas, para acercarnos al desarrollo.

Las carencias energéticas de nuestro país no pueden esperar más. Estas insuficiencias afectan tanto la generación, como la transmisión eléctrica. Será imposible mantener la competitividad de nuestras empresas con los precios de la energía que imperan en Chile. Hoy, el precio de la energía es más del doble de los países miembros de la OCDE.

Vemos cómo grandes compañías trasladan sus centros productivos a otros lugares. Pero eso no pueden hacerlo el pequeño taller y la pequeña fábrica. En consecuencia, las pymes se verán enfrentadas a cerrar, con toda la secuela de empobrecimiento y desempleo que ello implicará para miles, si no millones, de chilenos.

Asimismo, si vamos a la situación, ya no de la empresa, sino de la persona, lo que gasta una familia en energía ya es bastante y crecerá aún más hasta llegar a representar porcentajes importantes de un presupuesto familiar de bajos ingresos.

Por otra parte, sabido es que los desmesurados valores de la energía impactan prácticamente en todos los precios de los bienes y servicios, ya que la variable energía representa, según sea el sector, entre el 5% y el 20% de la matriz de costos de cualquier producto.

Si a esto se agrega que la menor productividad atribuible al alto precio de la energía disminuye, también, los ingresos fiscales por impuesto a la renta y por royalties mineros. Veremos que lo que le cuesta al Estado la carencia energética, probablemente supere los ingresos que se quieren allegar con la reforma tributaria que se encuentra en discusión.

Si Codelco hubiese tenido, durante el ejercicio del 2011, costos de energía similares a sus competidores de otros países, habría generado un excedente, adicional, de 500 millones de dólares.

Lo que hemos hecho -y seguimos haciendo- en el ámbito energético es una farra irresponsable que nos condena al subdesarrollo y que impacta sobre todo a los sectores más débiles. Estamos sepultando la inversión. Matamos, día a día, un proyecto tras otro.

Al contrario, si el país logra materializar los proyectos que tiene en carpeta, que sólo en minería superan los 70 mil millones de dólares, seremos, al final de esta década, un país desarrollado.

Lamentablemente, si no contamos con un suministro de energía, eficiente, seguro y a precios competitivos, no lo lograremos.

Urge una política de Estado, asumida responsablemente por todos los sectores, sin pretender sacar pequeñas ventajas políticas de corto plazo. Vuelvo al principio. Sería deseable que los esfuerzos que se despliegan en otras iniciativas se consagren, también, a resolver el problema energético.

Queremos ver a los políticos de gobierno y oposición unidos en esta tarea, con la conciencia de que esta labor es impostergable e imperativa. Sólo con un gran consenso nacional será posible evitar la creciente judicialización de los proyectos, otorgando las garantías que permitan atraer los capitales que necesitamos para resolver este verdadero cuello de botella en que se encuentra nuestro país.

Tomemos conciencia de una buena vez de que este problema no se solucionará solo. Por el contrario, si no lo abordamos con urgencia, seriedad y unidad, se agrandará día a día hasta echar por tierra nuestros sueños de derrotar la pobreza, mejorar las condiciones de vida de la clase media y cruzar definitivamente el umbral del desarrollo.

Juan Eduardo Errázuriz es ingeniero civil, empresario y dirigente gremial chileno, actual presidente del holding local Sigdo Koppers

Publicado en El Mercurio, 8 de julio de 2012

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