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No llores por mí energía…

“Esta obra que ahora se va a publicar la licitación el 7 de mayo, el día del cumpleaños de Evita, va a generar 1.740 MW”.

“Y esto lo podemos hacer porque hoy tenemos la línea de alta tensión que conecta la Provincia de Santa Cruz con el resto del país, con una inversión de $ 6.000 millones, porque la provincia solo consume 180 MW y el resto irá para el país, y si es necesario también la exportaremos a Brasil”.

Estas palabras fueron pronunciadas por la Presidenta de Argentina hace un par de semanas.

Argentina y todos nuestros vecinos están tomando decisiones estratégicas de largo plazo para asegurar su independencia y autoabastecimiento energético, convencidos de que sólo así pueden reducir su riesgo geopolítico y asegurar su desarrollo social y económico: Perú, con sus enormes reservas de gas en Camisea y Bolivia con las suyas; Paraguay, con la venta de su electricidad de Itaipú; Brasil, con sus centrales hidroeléctricas en el Amazonas y la exploración y explotación de petróleo y gas en esa zona y en el mar, además de la energía nuclear; Argentina, con sus centrales hidroeléctricas en la Patagonia, la reciente y controvertida expropiación (o confiscación, como titulan algunos medios argentinos) de YPF y la energía nuclear; Uruguay, con su proyecto de GNL para autoabastecimiento y exportación

Estas decisiones conviven con la discusión internacional sobre los perjuicios de aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero y la huella de carbono producto de las centrales a carbón, que podría terminar cerrando mercados para muchos productos de Latinoamérica.

Por razones geológicas, Chile casi no tiene ni petróleo ni gas. Más del 60% de la matriz energética nacional depende hoy de las importaciones de combustibles fósiles (contaminantes y con precios inciertos y crecientes), que deben llegar en barcos desde países lejanos a nuestros puertos con los evidentes riesgos de un país sísmico. ¿Qué tiene Chile? Agua, viento, sol y el calor de la Tierra (geotermia). Las cuatro son energías limpias, renovables y no contaminantes, que si no se usan, se pierden todos los días. El potencial hidroeléctrico de Chile es de unos 20.000 MW, de los cuales sólo 5.400 MW están aprovechados hasta ahora. Solamente un 33% de la matriz eléctrica actual proviene de este recurso, cuando su aporte debiera ser el mayoritario, por lejos. El potencial del viento, el sol y la geotermia podría llegar al 20% de la matriz (en Argentina será 4% y en los países desarrollados rara vez supera ese rango), pero con severas restricciones porque son energías más caras y algunas (con excepción de la geotermia) sólo funcionan cuando hay viento (6 horas al día -en promedio- en el mejor parque eólico del país) y cuando hay sol (promedio de 8 horas al día). La geotermia, en cambio, tiene un alto factor de planta (% del tiempo que puede operar). Para un país como Chile sería muy difícil y poco sustentable pensar que las ERNC lleguen a aportar un 20% de la matriz energética nacional. Basta constatar que una de las principales discusiones vigentes en España es el enorme costo que están pagando en subsidios por la “burbuja de las energías renovables no convencionales…”.

¿Qué le falta a Chile? Tener una política energética nacional consolidada que dé soporte a las necesidades del país del futuro, y ese es un desafío político.

Los datos están sobre la mesa y son claros. Todos nuestros vecinos están tomando decisiones geopolíticas claves (unas más polémicas que otras) y nosotros aún no sabemos cómo vamos a abastecer nuestra demanda de energía eléctrica, que crecerá en más de un 100% de aquí a la próxima década. Y, mientras pensamos, estamos importando más de US$10.000 millones anuales en combustibles fósiles, de los cuales cerca de la mitad se utilizan para generar electricidad, pagando la tarifa eléctrica más cara de la región y una de las más altas del mundo, aumentando nuestra huella de carbono y perdiendo competitividad frente a nuestros vecinos, porque producir y trabajar en Chile cada día se hace más caro y más contaminante.

Esta es la coyuntura que enfrenta hoy HidroAysén, un proyecto que abastecerá la zona central de Chile con 3 veces más energía que la central patagónica argentina anunciada por la Presidenta Fernández Kirchner, que inundará una superficie 8 veces mayor a HidroAysén, el proyecto más eficiente del mundo en MW generados por hectárea inundada. Lo paradójico es que muchos aplauden las medidas de la Presidenta argentina, mientras se oponen a utilizar los recursos hídricos de la Patagonia chilena.

HidroAysén ha realizado el estudio de impacto ambiental más completo que se haya hecho en nuestro país, asegurando los menores impactos ambientales, mitigándolos y compensándolos.

Sin embargo, terratenientes de la zona y grupos extranjeros financian una permanente campaña de desinformación contra el proyecto, al extremo de que se ha cuestionado por razones estéticas que una central tenga tendido eléctrico, pese a que todas las centrales del mundo (eólicas, solares, carboníferas, nucleares) los tienen.

No es aceptable para un país soberano y democrático que Douglas Tompkins descalifique permanentemente los fallos de los máximos Tribunales de Justicia de Chile, suponiendo que nuestras autoridades son corruptas por el solo hecho de no fallar como él quiere, o que imponga condiciones de natalidad o calidad de vida a nuestros compatriotas que viven en Aysén y trabajan para él, el mayor empresario y terrateniente de la zona. Las principales dos coaliciones políticas de Chile democráticamente han optado por el progreso y por el desarrollo sustentable, no por la ecología profunda, promovida por sectores marginales que no tienen apoyo electoral. Si alguien quiere promover ese debate, tiene que hacerlo democráticamente y someterse a lo que se acuerde, porque en una sociedad democrática no es aceptable evitar el debate de fondo (la aspiración a vivir mejor) intentando imponer una visión fundamentalista con la cual no es posible discutir.

Cómo lograr para Chile una matriz energética más limpia, económica, segura e independiente, a la que contribuye -y siempre ha contribuido- la energía hidroeléctrica; cómo evitar la proliferación en los próximos 20 años de centrales a carbón que aumentan la emisión de gases de efecto invernadero que generan el cambio climático, principal problema ambiental de la humanidad, según los principios de la Cumbre de Rio; los impactos a la salud que esto representa; la pérdida de competitividad de Chile por tener las tarifas más caras de Latinoamérica causadas por un precio del carbón cada vez mayor; y la creciente huella de carbono de nuestros productos de exportación, son temas que requieren dedicación y urgencia.

El debate sobre las formas de energía que Chile requiere para el futuro es prioritario, y debe darse en una discusión de altura, desprovista de posiciones populistas o políticamente correctas. Es fundamental promover un debate informado en la sociedad sobre temas que son propios de políticas públicas, que sin perjuicio de tener un sustento técnico, son opinables, debatibles y tienen un tremendo impacto social.

Daniel Fernández Koprich es Ingeniero Civil Universidad de Chile y Vicepresidente Ejecutivo HidroAysén

Columna publicada en El Mercurio, 13 de mayo de 2012

Categories: Política Energética
  1. Ivan Selles
    14/05/12 a las 23:31 | #1

    Señor Fernández: aún cuando su razonamiento es impecable desde el punto de vista lógico, salta demasiado pronto del nivel de plan al de proyecto, y desgraciadamente el proyecto del cual Ud. es responsable tiene escala de plan, pero evaluación de proyecto. El proyecto Hidroaysen tiene un pecado original (que no es tan original porque es la forma en que se abordan la mayor parte de los proyectos en Chile). El proyecto es anticuado en su concepción, dado que primero se abordan las “ingenierías” y luego se ven los impactos ambientales, los que se intentan compensar, reducir o mitigar. Todo eso se hace en un EIA que es posterior a la definición del proyecto a un nivel de diseño muy avanzado y por tanto muy difícil, caro y lento de modificar.

    Paso a ejemplificar. Uno de los muchos temas cuestionados del proyecto es la medición del flujo de sedimentos. Aunque desde el punto de vista de la ingeniería para los embalses, el río no tiene sedimentos en forma significativa, esto no significa que desde el punto de vista ecosistémicos esos sedimentos (incluso gruesos) no tengan importancia. El área en particular y Chile en general tiene muy pocos estudios ecosistémicos, por lo que por el momento eso es sólo una posibilidad. Supongamos que estudios posteriores demuestren que los sedimentos SI son importantes en el funcionamiento del ecosistema. En ese caso, las únicas soluciones (si se hacen) son soluciones que, por ser tomadas DESPUES de definir el diseño del proyecto son menos eficaces y más caras que haber considerado DURANTE el diseño ese aspecto.

    Como recomendación de un simple ciudadano de a pié: no cometan el mismo error con la línea de trasmisión. No hay que ser un genio para saber que los principales impactos de la línea de trasmisión van a ser los impactos paisajísticos, y que el valor paisajístico de la Región de Aysén es la carta de triunfo para la estrategia de desarrollo que se han dado. Hagan el estudio de paisaje ANTES de hacer el trazado, a una escala gruesa, y pongan junto al ingeniero eléctrico que calcula los cables a un profesional del área ambiental especialista en paisaje (y todos los profesionales que sean necesarios, de todas las áreas que se requieran) que, con la misma autoridad que el ingeniero eléctrico, diga cuales soluciones son aceptables y cuales no lo son. No es fácil apoyar un proyecto que parece no darse cuenta que la planificación que era adecuada en 1930 ya no lo es.

  2. Bernardo Riquelme O.
    14/05/12 a las 23:03 | #2

    …una humilde pregúnta al señor Fernández: Cambiarán los criterios de seguridad, mitigacion, compensacion y eficiencia que manejaron con RALCO ?… si su respuesta fuera positiva: Porqué no lo pensaron antes …?
    …como decía un antiguo amigo:” No vengo a vender… vengo a regal… ”
    Saludos, señor Fernández.
    Bernardo Riquelme O.

  3. 14/05/12 a las 14:25 | #3

    Gracias por la columna. Apoyo muchos puntos.

    Pero quiero comentar ciertos temas. Creo que al hablar de potencialidad es importante incluir la variable tiempo (ej: “XX” MW en “Y” años). De otra forma el dato no sirve como fuente de análisis y se transforma en un engaño. Al analizar el potencial de las energías renovables en particular, además de incluir la variable tiempo es fundamental mencionar el porcentaje de cada tecnología que se está considerando. De otra forma la información no dice nada y es otro engaño. Decir que 20% de ERNC es mucho es un dato incompleto. Por ej. si se encontrara una fuente geotérmica de 5000 MW no habría problemas en utilizarla ya que es una tecnología es muy competitiva y entrega electricidad de muy buena calidad. Islandia tiene una alta dependencia de la Geotermia, por ej.

    Hay que dejar de hablar de renovables y comenzar de llamar a cada tecnología por su nombre. Las limitaciones y beneficios de cada una son únicas. Lo mismo para las políticas publicas. No es inteligente incentivar todas las renovables de la misma forma. Cada una tiene sus problemas y beneficios, su distribución de flujos, sus características únicas.

    Por otro lado, lo importante no es Hidro Aysen. Hidroaysen es irrelevante para Chile en el largo plazo. Hydroaysen se pelea el mediano plazo. No hablo en plazos de evaluación de proyectos, hablo en plazos lógicos, plazos sociales. Luego del 2030, esos 20.000 MW de hidros (suponiendo que es recomendable ocuparlos todos… cosa que ecológica y socialmente no es así), ese calor de la tierra, los vientos, el sol, etc, ya no podrán crecer al ritmo de las necesidades económicas y es ahí donde viene el problema. La fusión nuclear ayudará, pero en 100 años. La fisión nuclear es una tecnología que debe estar dentro de la estratégia nacional, pero ¿cómo hacemos para que los políticos de hoy asuman el costo de una muy buena inversión que le dará ingresos políticos del futuro?.

    Un último punto para comentar (que se aleja de esta columna) es la importancia de empezar a comunicar más y mejor sobre las probabilidades y los efectos del cambio climático. Incentivo a los lectores de esta web a hacerlo, a leerse los reportes del IPCC y a darlos a conocer. De otra forma no es posible tener una conversación razonable en relación al futuro energético del País. Cuando alguien cree que las probabilidades de que el cambio climático tenga efectos catastróficos es baja, es lógico que las bajas probabilidades de que la energía nuclear genere catástrofes le parezca algo terrible e inaceptable.

  4. 14/05/12 a las 11:45 | #4

    Interesante punto de vista. Sólo un detalle: si bien Hidroaysén es muy eficiente en términos de energía generada por superficie inundada y no es fácil encontrar centrales que la superen, no es la central más eficiente del mundo: ver nuestra selección

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