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Política Energética

estrategia nacional de energiaEl nombramiento del quinto ministro de Energía de este gobierno es en cierto modo indicativo de las dificultades que enfrenta ese sector. Hasta ahora esa cartera se ha encomendado a académicos, políticos o ejecutivos. Su actual titular es el primero en combinar las facetas de ejecutivo y especialista en energía; esa conjunción de saber técnico y experiencia de gestión puede ser valiosa.

Chile necesita apremiantemente energía eléctrica para su desarrollo. Nuestro consumo per cápita es un tercio del de los países desarrollados, por lo que anticipablemente el crecimiento nos llevará a aumentarlo, más allá de las medidas de eficiencia energética que se puedan implementar. El mejor aliciente al ahorro de energía son los altos precios actuales, especialmente gravosos para la industria.

Pero la ciudadanía no parece comprender hasta ahora la relación entre desarrollo y demanda eléctrica, y desea los frutos del primero -más servicios, mejor distribución del ingreso-, sin asumir los costos que por un tiempo requiere el proceso de crecimiento. Esto supone instalar las plantas que suministren la electricidad requerida, sin las intermitencias de las energías renovables no convencionales y a costos aceptables. Y, a su vez, eso significa invertir en termoeléctricas e hidroeléctricas, así como en la transmisión indispensable para llevar la energía a los centros de consumo.

Esa misma incomprensión parece ser compartida por algunos sectores judiciales, lo que explica sentencias que, en realidad, superponen juicios de valor a procedimientos reglados en un Estado de Derecho. Esto ha dado lugar a que proyectos ya aprobados conforme a tales procedimientos enfrenten, sin embargo, innumerables recursos judiciales que impiden su concreción, creando una significativa incertidumbre jurídica. Las condiciones actuales son ya tan malas, que especialistas sectoriales temen que a partir de 2014-2015 haya serios problemas de suministro, aun con lluvias normales.

El Gobierno apunta a resolver primero el problema de la transmisión, ya que el sistema actual impide o retrasa los desarrollos que se requieren para trasladar con seguridad la energía generada (incluso por centrales de energía renovable no convencional) a los centros de consumo. La carretera eléctrica funcionaría en forma análoga a las concesiones de carreteras. El Estado expropiaría franjas en gran parte del país, para luego concesionar en ellas líneas de transmisión, por un período. Si esto se aprueba, el Gobierno habrá dado el primer paso para resolver los problemas del sector.

Asimismo, se propone la conexión de los dos principales sistemas ya interconectados, lo que le daría mayor estabilidad a la red integrada que de allí resultaría, y reduciría costos administrativos. Asimismo, sería posible amortiguar las intermitencias de futuras centrales de energía renovable no convencional del norte, ya que los embalses del Sistema Interconectado Central pueden cumplir ese papel. Sin embargo, es probable que la interconexión requiera un subsidio, lo que se aparta de nuestro actual esquema para este sector.

Como lo ha dicho el ministro Bunster, el sector generación, hoy dominado por tres grandes empresas, requiere más competencia, entre otros motivos porque la ausencia de nuevos participantes de envergadura le resta cierta legitimidad a la imagen de dicho sector. Y similar problema es también una de las causas de la oposición a HidroAysén, que contribuiría a resolver los déficits de suministro en el mediano plazo. Su reciente aprobación por la Corte Suprema ha sido criticada por algunos, pero, en realidad, abre vías de solución para Chile.

Publicada en El Mercurio, 13 de abril de 2012

Categories: Política Energética
  1. RafaelGV
    26/04/12 a las 14:51 | #1

    Concuerdo con Joaquin, en el punto mercuriano y el texto en “comillas”. Pero cargar a la población la subida del consumo energético, es muy ciego. Claramente este aumento de consumo es de la industria productiva, lo que conecta con el texto entre “comillas”.

    Y el problema con las actuales propuestas energéticas no es el texto entre “comillas”, es la forma en que estas se llevan a cabo; cumpliendo leyes anticuadas de control (como país subdesarrollado), con evaluadores de dudosa calidad (como país tercer mundista) y con extraños acuerdos bajo mesa (como país bananero)… Ahora, ¿ como llegamos al desarrollo, con crecimiento energético subdesarrollado, tercer mundista y bananero ?

    La carretera eléctrica y mejorar el actual sistema de interconección, parece un buen primer paso

    Saludos
    R

  2. 24/04/12 a las 10:43 | #2

    En general tiendo a discrepar de la visión hiper-desarrollista de El Mercirio. Pero no puedo estar más de acuerdo con esto:

    “la ciudadanía no parece comprender hasta ahora la relación entre desarrollo y demanda eléctrica, y desea los frutos del primero -más servicios, mejor distribución del ingreso-, sin asumir los costos”… aunque con la salvedad de que, a diferencia del editorialista, creo que puede aspirarse a que dicha relación no sea 1 a 1.

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