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Futuro energético: A levantar los obstáculos

lorenzo constansEl desarrollo social y económico al que Chile aspira depende ineludiblemente de un suministro eléctrico sustentable, seguro y a precios competitivos. Para 2020, el país deberá generar 8 mil MW adicionales a los 17 mil que hoy existen, considerando una proyección de las tasas de crecimiento del consumo eléctrico en torno al 6%-7% anual. Sin embargo, ningún sector enfrenta más dificultades para obtener las autorizaciones correspondientes que el de la generación y transmisión eléctricas. Lo anterior es preocupante, máxime si se tiene presente que los proyectos actualmente en construcción sólo garantizan el abastecimiento energético hasta 2015.

El Presidente ha dado una potente señal al definir con claridad el camino que debemos seguir para contar con la energía que requiere nuestro sector productivo para crecer y ser competitivo. La Estrategia Nacional de Energía (ENE) presentada recientemente, valida la política energética que ha estado vigente durante los últimos 30 años y pone énfasis en la generación hidroeléctrica, proponiendo aumentar su participación del orden del 35% de la matriz actual a sobre el 45% a 2020. También propone acelerar la incorporación de energías renovables no convencionales, disminuir a 2020 un 12% el actual consumo energético y contar con un mercado eléctrico más competitivo.

Con todo, el documento elaborado por la autoridad no deja claro cómo vamos a lograr que efectivamente se materialicen los proyectos de generación y transmisión que el país requiere. A los actuales ritmos de tramitación administrativa y posterior judicialización, es muy difícil poder lograrlo dentro de plazos razonables. Cualquier país consciente del rol estratégico que juega el sector eléctrico levanta los obstáculos, en lugar de colocar nuevas barreras. Chile, sin embargo, ha ido en la dirección opuesta. Ya sea que se trate de un gran proyecto hidroeléctrico o de una minicentral de pasada, de una termoeléctrica que utiliza como combustible gas, carbón, petcoke, diésel o biomasa o de una central eólica o geotérmica, el escenario de dificultades para el titular es prácticamente el mismo, como lo hemos podido comprobar en los hechos, sea que se utilice tecnología de punta en el mundo y se aplique una normativa de tal rigurosidad que no se exige en muchos países desarrollados como EE.UU. o en China. En consecuencia, necesitamos una aproximación distinta de parte de la institucionalidad respecto de los proyectos de inversión en el sector eléctrico.

Adicionalmente, la ENE busca corregir situaciones que dicen relación con los posibles bajos niveles de competencia en el sistema, aumentando el número de clientes que negocian libremente, disminuyendo -para estos efectos- el límite de 500 KW a 100 KW, y proponiendo mejora en la administración e independencia en los Centros de Despacho de Carga.

En relación a la transmisión eléctrica, se plantean mejoramientos a los procedimientos para otorgar concesiones eléctricas, se introduce la idea de que el Estado pueda declarar franjas fiscales susceptibles de ser expropiadas u objeto de servidumbres, se establece el concepto de netmetering y se incorpora la idea de comercializador eléctrico, creando con esto último un nuevo actor dentro del sistema eléctrico. Todas estas modificaciones no se encuentran detalladas en el documento, por lo que, si bien parecen medidas acertadas, es imposible un pronunciamiento más de fondo. Las urgencias, sin embargo, son mayores en este subsector y por ello extraña que el proyecto de ley que el Ejecutivo envió al Congreso Nacional para facilitar los trámites de constitución de servidumbres no haya tenido ningún avance.

El punto negativo de la ENE es el anuncio de incorporación de impuestos al carbono, lo cual consideramos una medida inconveniente, por cuanto encareceríamos aún más nuestra matriz eléctrica, sin ningún beneficio ambiental para Chile ni el mundo, dado que nuestras emisiones son absolutamente marginales en el contexto global e histórico. En rigor, son las naciones desarrolladas -responsables de las actuales concentraciones de carbono en la atmósfera y con obligaciones vinculantes en el Protocolo de Kioto- las que deberían adoptar dichos impuestos, reducir sus emisiones y hacer las transferencias tecnológicas necesarias para que las naciones en vías de desarrollo puedan llevar a la práctica un crecimiento bajo en carbono. El impuesto unilateral al carbono va en la dirección opuesta al principio de las Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas establecido en la Convención sobre Cambio Climático, y nos aleja del objetivo país de contar con energía competitiva indispensable para el crecimiento.

Hoy es importante señalar que independiente de quién ocupe la cartera de Energía, las materias de más largo plazo, como es el caso del plan de desarrollo energético de Chile para los próximos 20 años, no debieran experimentar alteraciones, considerando la alta prioridad que el propio Presidente les ha dado.

Asimismo, esperamos que tampoco se pierda continuidad en aquellos temas más urgentes en los que se encuentra trabajando el ministerio en colaboración con las empresas del sector, como son los altos precios de la energía con costos marginales de cerca de US$ 200 por MW, el proceso de nuevas licitaciones de contratos de suministro eléctrico para clientes regulados y el reforzamiento de las líneas de transmisión del Sistema Interconectado Central (SIC). En un área como la energía, donde los desafíos son tan complejos y críticos, resulta fundamental que todos los actores involucrados estemos dispuestos a superar los obstáculos que se presenten, sean éstos de cualquier índole.

Lorenzo Constans es Presidente de la CPC. Publicado en La Tercera del 1 de abril de 2012.

Categories: Política Energética
  1. 09/04/12 a las 15:37 | #1

    1- Una lástima que en el párrafo 1 hable de demanda creciendo al 6 a 7% anual, en el párrafo 2 mencione la meta de disminución de 12% de la ENE y no conecte las dos cosas. El crecimiento de la economía tendría que alcanzar valores al que nadie en su sano juicio aspira para que ocurran ambas cosas. “Nuestra meta es desviarnos hacia el año 2020 en un 12% de lo que habría sido el consumo si es que no aplicamos esta estrategia de eficiencia energética” dijo Piñera.

    2- Numerosas veces he argumentado en este blog que evadir toda responsabilidad en reducción de carbono basado en nuestra baja participación global es un argumento espurio y peligroso. Espurio porque casi toda división político-administrativa podría evadir la responsabilidad con ese criterio -Reno respecto de Nevada (“la culpa la tiene Las Vegas”) y Nevada respecto de Estados Unidos (“la culpa la tiene Texas”)- y peligroso porque mientras descansamos en nuestra supuesta inocencia los osos polares se siguen extinguiendo

    3- US$ 200 por MW-hora, estimado, son costos marginales de los que usted habla. Ya quisiéramos lograr US$ 200 por MW instalado

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