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Restricciones de agua en Chile y el panorama energético para el futuro

SystepChile experimenta a la fecha un período de serias restricciones en el abastecimiento de agua, que abarca gran parte de la zona norte y centro de nuestro país, afectando fuertemente a variados sectores productivos (energía, agricultura, minería, etc.) y el suministro de agua potable de las ciudades.

Este problema se manifiesta en forma distinta entre la zona norte y la zona centro-sur del país. En el caso de la zona centro-sur, las restricciones tienen el carácter de una sequía que se origina en un déficit en el nivel de precipitaciones y en las reservas de nieve en la cordillera, ligado al fenómeno periódico de la Niña, que en esta oportunidad se arrastra desde el 2011. Las restricciones de agua en el norte del país (II y III regiones) se originan en el agotamiento sistemático de pozos y napas subterráneas, derivado de la explotación creciente del recurso hídrico por la agricultura y la minería, originando una pugna por acuíferos y transformándolo en un problema permanente que no depende de condiciones meteorológicas.

En ambos casos, el sector eléctrico chileno se ve afectado, enfrentado problemáticas que deben ser resueltas e identificando desafíos y oportunidades que pueden aprovecharse.

La sequía en la zona centro – sur y el mercado eléctrico

La sequía que está afectando a gran parte de la zona centro-sur del país, producto del fenómeno de La Niña, es un problema que se viene acarreando desde el 2011, y que en el 2012 podría mejorar, aunque no necesariamente terminar.

Para enfrentar la escasez hídrica, el gobierno promulgó en febrero de 2011 un decreto de racionamiento eléctrico, el cual dio atribuciones especiales al CDEC-SIC para relajar ciertas restricciones en sus operaciones. De acuerdo a lo señalado por el Ministro de Energía en su anuncio del 17 de febrero de 2012, “ese decreto nos ha permitido tener mayor reservas de agua en los embalses, tener un uso distinto del despacho eléctrico, también tener un menor voltaje y enfrentar mejor esta situación”. Si bien en el 2011 se experimentaron altos costos de la energía (el promedio de costo marginal en la barra Alto Jahuel 220 kV fue de 199,4 US$/MWh), no fue necesario aplicar desconexiones programadas de carga a gran escala y no se manifestó un desabastecimiento energético. Este decreto tiene vigencia hasta abril de 2012, fecha en la cual será revisado si se prolonga su duración.

Por su parte, para el 2012, de acuerdo con el boletín climático del período Noviembre-Diciembre 2011 del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile, “el actual evento La Niña se debilitará durante los próximos meses hasta alcanzar una condición neutra a mediados del 2012. Esta evolución proyectada no necesariamente significa que el régimen pluviométrico será normal durante el próximo invierno, por lo cual la situación es preocupante dado la actual situación de restricción en la disponibilidad del recurso hídrico”. Esto, junto al estado de “emergencia hídrica” declarada por el gobierno para la zona centro-sur del país, que limita el uso de los embalses en pro del riego agrícola, se prevé que la generación hidráulica del sistema volverá a experimentar restricciones en su operación.

En relación a los nuevos proyectos de generación para el 2012, se espera la entrada en operación de aproximadamente 1000 MW, entre las que se encuentran las centrales Santa María (carbón, 343 MW) y Bocamina 2 (carbón, 342 MW), las cuales originalmente estaban previstas para entrar en servicio en 2011. Si se concreta la entrada de estas centrales, el sistema alcanzará un mejor nivel de seguridad en el suministro de energía, en cuanto esta generación no se vería afectada por las restriccciones hídricas.

En la siguiente figura se presenta la generación y el costo marginal proyectados por el CDEC-SIC para el 2012, para una hidrología seca. De acuerdo a las restricciones a la generación hidráulica y el importante aumento en la oferta de generación en base a carbón, la operación real del 2012 será similar a la presentada en la figura.

Adicional al panorama hídrico, a partir del 2012 el precio de los contratos vigentes de la tercera licitación comienza a indexarse al CPI y al precio de combustibles, en lugar de indexarse según el índice de costo de suministro de corto plazo (promedio trimensual del costo marginal horario ponderado por la generación bruta horaria del sistema). Estos indicadores no sufren variaciones debido a la hidrología como los costos marginales, lo que significa que las tarifas eléctricas mostrarán un descenso con respecto al año anterior, tal y como ya lo anunció el Ministro de Energía el viernes 17 de febrero.

Con todo esto, la operación del sistema para el 2012, se ve dominada por centrales térmicas, y con una operación restringida de las centrales hidráulicas. En cuanto a los precios, la entrada en servicio de los proyectos carboneros y las bajas en las tarifas de distribución provocarán que la energía tenga un valor menor al del año anterior.

Con respecto a los riesgos de racionamiento, de acuerdo a una noticia publicada en el diario La Tercera el 18 de febrero, el gobierno está “relativamente tranquilo respecto del escenario energético en el primer mes activo del año”. Las razones de esta tranquilidad, se sustentan en un informe desarrollado por el CDEC-SIC, donde se señala que en la simulación de la operación del sistema en las condiciones de demanda e hidrología más probables para el 2012 y considerando el decreto de racionamiento vigente hasta abril, no habría déficit de energía. De esta manera, se prevé que para este año, las probabilidades de restricciones en el suministro energético son bajas.

Las restricciones de agua en el norte y oportunidad para nuevos negocios

Los procesos de extracción y concentración de mineral son altamente demandantes en agua y energía, por lo que el explosivo desarrollo de proyectos mineros en la II y III región, originado en los altos precios de metales como el cobre, ha establecido un aumento importante en la demanda no sólo de energía eléctrica, sino también de recursos hídricos. En algunas localidades este requerimiento ha llegado a ser mayor que la disponibilidad de agua. Esto ha generado una pugna entre la minería y la agricultura por el preciado recurso, que en el futuro podría terminar con la explotación agrícola en las regiones afectadas. Las empresas mineras están considerando en el largo plazo la incorporación de sistemas de desalinización de agua del mar, con esquemas de bombeo que permitan llevarla a las zonas cordilleranas donde se encuentran los yacimientos.

El Gobierno por su parte está abordando este problema, y en el corto plazo ha establecido la recarga de embalses, tranques y la profundización de pozos, mientras que para el mediano-largo plazo evalúa alternativas de desarrollo, como la propuesta reciente de construcción de una carretera hídrica que interconecte el país entre la región de Arica y la región del Maule, y/o la instalación masiva de plantas de desalinización, con los mismos requerimientos que se plantean en la minería privada.

Así, el mercado conformado por el transporte, distribución y elevación de agua cobrará cada vez mayor importancia para el país, generando nuevas oportunidades de negocios. Particularmente para el sector eléctrico, el crecimiento en este mercado del agua no sólo implicará un aumento en la demanda eléctrica asociada a los procesos de bombeo de agua, desalinización y otros, sino que también diversificará los clientes que requieren suministro energético en volúmenes importantes.

Las restricciones de agua en el largo plazo: el cambio climático

El cambio climático global, preocupación creciente a nivel mundial, también afectará a Chile y al recurso de agua. Sin embargo, se anticipa que este cambio climático afectará en formas diversas a las regiones de país, dependiendo de las características ambientales, sociales, tecnológicas y económicas de cada zona geográfica y climática.

De acuerdo al estudio “El cambio climático en el sector silvoagropecuario de Chile” ordenado por el Ministerio de Agricultura en 2010, y el estudio “Variabilidad climática en Chile para el siglo XXI” ordenado por la Comisión Nacional de Medioambiente (CONAMA) en 2006, se estima que en los próximos treinta años, la temperatura de superficie podría aumentar entre 2° y 4°C, siendo más acentuado hacia las regiones andinas y disminuyendo de norte a sur. La mayor intensificación del aumento de temperatura se daría entre las regiones de Coquimbo y O’Higgins, mientras que en la zona austral del país habría un aumento menor que en el resto del país, cercano a 1°C. Por su parte, el nivel de precipitaciones experimentaría una disminución en latitudes medias, entre las regiones de Coquimbo y Valdivia, y un aumento en el sector altiplánico y la zona austral del país.

Los cambios en la temperatura y la pluviometría en las latitudes medias, darían origen a una reducción del área andina capaz de almacenar nieve entre las estaciones del año, incrementando las crecidas invernales de los ríos y disminuyendo la reserva nival para el período de deshielos, alterando así el suministro de agua en las zonas centro y centro-sur del país, áreas de mayor productividad desde el punto de vista silvo-agro-pecuario y donde se ubica la generación hidroeléctrica más importante del SIC en la actualidad.

Por su parte, en la zona austral del país, si bien, aumentarían las temperaturas y las precipitaciones, no se estiman cambios importantes al patrón hidrológico, manteniendo el desacople que ya hoy existe de sus hidrologías con la zona centro-sur del país, y por ende realzando el aporte más seguro de la futura generación hidroeléctrica de Aysén.

Por Systep, consultora chilena altamente especializada en el campo de los estudios técnicos y económicos del sector energético.

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