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La torta de la energía secundaria en Chile

El siguiente gráfico, realizado en base a los balances anuales de energía elaborados por la Comisión Nacional respectiva, muestra el consumo secundario de energía por sectores desde 1990 a la fecha. La energía secundaria se define como el flujo de los energéticos resultantes de uno o más procesos de transformación físicos, químicos o mecánicos, y que se encuentran aptos para su consumo final. La ecuación es la misma que para el caso del consumo de energía primaria, pero ahora considerando a cada lado de la igualdad los productos listos para ser consumidos:

Consumo Total de Energía Secundaria = Producción Bruta + Importación – Exportación – Pérdida de Stock

El biogas se aprecia como una línea horizontal pegada al piso del gráfico. Hasta el año 2001 es insignificante, y entre 2001 y 2008 nula.

Al igual que en el caso de la energía primaria, es el petróleo y sus derivados el protagonista número uno de la escena energética en Chile. Una realidad que, de tanto observar a la ciudadanía poniendo el grito al cielo por los grandes proyectos eléctricos, uno tiende a soslayar. Puede que Hidroaysén y Barrancones hayan capturado el 80% del debate, pero son los silenciosos barcos petroleros que recalan sin interrupción en nuestros puertos los que “energizan” la mayor parte de nuestros ajetreos rutinarios. De hecho, la participación de todo el sector eléctrico en su conjunto -en rojo, en la parte baja- aparece empequeñecida debajo de la montaña azul de la parte superior del gráfico, conformada por los derivados de petróleo, 3 veces mayor en 2008.

Más sorprendente aún resulta el rol de la leña. Para quienes vivimos al norte Rancagua, resulta fácil olvidar que esta fuente tiene un peso equivalente a todo el sector eléctrico en su conjunto cuando se compara caloría por caloría. De hecho, hasta el año 2002 la leña entregaba más energía al país que sus cuatro sistemas eléctricos combinados. Y hoy (2008), aún se empina a un 95% del total de producción eléctrica del país.

El problema del gráfico anterior, es que resulta difícil aislar las fuentes de menor participación (como el biogas y el metanol) de las fuentes dominantes (como los derivados de petróleo). Para ver como más claridad cada una, la imagen siguiente muestra lo que ha ocurrido con cada fuente entre 1990 y 2008, donde resulta especialmente llamativa la desaparición de la producción de biogas y la suspensión temporal del metanol en 2003 y 2004:

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