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Más allá de Hidroaysén

hidroaysenComo parte de su campaña publicitaria, Hidroaysén mostró el rostro de un joven que grita, evocando el concepto de un estado de ira. Cuando la imagen abarca su entorno, sin embargo, se aprecia que en realidad se trata de un festejo. Sin duda, el mensaje acierta en reflejar la actualidad, donde priman las miradas truncas. Si nos enfocamos exclusivamente en el impacto ambiental de las represas en Aysén y su sistema de transmisión, podríamos convencernos de que se trata de un proyecto abominable. Si nos restringimos a sus beneficios económicos, nos encantamos con el azul intenso de sus números. Incluso corremos el riesgo de perder de vista que Hidroaysén representa sólo una fracción del desafío energético que enfrenta nuestro país.

Chile lleva años creciendo a un ritmo acelerado y, de acuerdo a la agenda trazada por las autoridades, la meta es continuar por esa senda al menos hasta alcanzar el nivel económico de un país desarrollado. No es un misterio que la energía es uno de los motores del progreso, pero sí es una incógnita la cantidad necesaria. Para poder estimarla, hay un sinnúmero de factores a considerar. Por ejemplo, el impacto de los programas de eficiencia energética o el posible desplazamiento hacia una economía con mayor énfasis en los servicios. Una noción surge al revisar qué ha sucedido en otros países. El gráfico 1 muestra en azul la relación entre PIB per cápita (según paridad de poder adquisitivo) y consumo eléctrico per cápita de varios países (2008), junto a 2 curvas que muestran la evolución de esta relación para Chile y Portugal entre los años 1980 y 2008. La tendencia es clara.

El año 2008, Portugal -país con frecuencia citado como ejemplo por las autoridades- presentaba un PIB per cápita cercano a los US$ 25.000, cifra muy superior a la que mostraba 14 años antes cuando este indicador, así como su consumo energético, eran similares a Chile en 2008. ¿Cómo se comportó su consumo eléctrico en el proceso de crecimiento? Aumentó en 50% por habitante. Si utilizamos esta experiencia para proyectar nuestro futuro concluimos que al momento alcanzar el desarrollo consumiremos unos 30 mil GWh/año adicionales, equivalente a 10 Ralcos, ya sea en 10, 15 o 20 años. Este valor incluso pareciera conservador dado el alto énfasis en servicios que presenta la economía portuguesa, pero sirve para ilustrar que el número es importante.

Ante este escenario, ¿será Hidroaysén una real alternativa a futuro? Claro que sí, y en varios aspectos una muy atractiva, pero no es ni puede ser la única.

Hidroaysén

En torno a este proyecto se ha generado una discusión de ciegos y sordos. Ambos bandos han concentrado demasiados recursos en desinformar a la población. ¿Un secador de pelo produciendo un corte de luz en un estadio? ¿Torres de alta tensión en Isla de Pascua? Ambas visiones generan polarización y no representan la realidad.

A fines de los ‘90 el sistema optó por un desarrollo termoeléctrico. Al poco andar, los cortes de gas argentino casi provocaron racionamiento eléctrico, mientras que el alto precio de los combustibles en los mercados internacionales provocó que las cuentas eléctricas suban fuertemente a lo largo del país. En Chile, casi el 90% de estos combustibles son importados. Ante este escenario, contar con agua como energía primaria es un alivio y una relevante fuente de independencia energética.

En los últimos 12 meses, dos tercios de la electricidad generada en el país tuvo como base la quema de combustibles fósiles. Si bien ello fue en parte influenciado por la sequía, deja en evidencia el rumbo que hemos adoptado. Y esta situación está lejos de revertirse: más de la mitad de la potencia en construcción corresponde a termoeléctricas, mayoritariamente en base a carbón. Esto ha provocado que nuestras emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) se disparen, lo cual, aparte de ocasionar un impacto ambiental, debilita nuestra posición a futuro como país exportador debido a la inminente aplicación de gravámenes a la Huella de Carbono. En este sentido, la hidroelectricidad tiene una amplia ventaja sobre las tecnologías antes mencionadas, al ser una fuente limpia y en consecuencia un real aporte ante la actual necesidad de evitar emisiones de GEI.

Las 5.900 hectáreas que se inundarían en Aysén pueden considerarse un éxito cuando se las compara con la cantidad de energía que será capaz de entregar a la red: los 312 GWh anuales por km2 inundado se comparan muy favorablemente con los 90 de Ralco y los 17 de Rapel… o los 1,9 de la central Aswan en el río Nilo.

Hasta aquí pareciera que la deseabilidad de Hidroaysén es incuestionable y su concreción, fuera de dudas. Pero, por supuesto, si así fuera no hubiéramos sido testigos del movimiento ciudadano gatillado en torno a su aprobación. Seamos realistas, la Patagonia no va a ser destruida, aunque el impacto real del proyecto no es fácil de ponderar. Las mismas 5.900 hectáreas recién mencionadas y gran parte del territorio que sería afectado por el sistema de transmisión pertenecen a un ecosistema escasamente intervenido y al cual la conciencia colectiva atribuye un valor especial. Si bien puede argumentarse que corresponde a una pequeña fracción de lo que llamamos Patagonia, el “valor de existencia” -o el valor de saber que está ahí- alcanza en este caso un insospechado peak. La ciudadanía sufre con esta pérdida al punto de salir a las calles para manifestar su sentir y no hay argumento técnico ni económico capaz de negar esa realidad.

La conveniencia de Hidroaysén es muy difícil de juzgar, es un ejercicio que debe ponderar razones técnicas, económicas, sociales e incluso éticas. Se trata de un proyecto atractivo, pero que está lejos de ser perfecto y por ningún motivo irreemplazable. De cualquier manera, la decisión que se tome en torno a este no definirá ni la riqueza o pobreza de Chile a futuro, ni tampoco la desaparición o continuidad de nuestro patrimonio natural. Hoy estamos en un momento decisivo donde debemos tomar decisiones aún más relevantes.

Una mirada más amplia

Retomando el parámetro de 30 mil GWh anuales adicionales, notamos que Hidroaysén, en caso de concretarse, sólo cubriría poco más del 60% de esta demanda. ¿Cómo se consigue el resto? Y una vez alcanzada esta meta ¿de qué manera continuamos? Y yendo más allá ¿cuánto más queremos o necesitamos aumentar nuestro PIB? ¿Qué enfoque económico vamos a seguir? ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar y qué no? Este es el debate que debiese copar la atención, pero ha quedado relegado a un distante segundo plano. Al parecer, los árboles no nos dejan ver el bosque.

A diferencia de lo que usualmente se dice, Chile sí cuenta con una política energética: dejar que el mercado decida. Cuando la principal preocupación era el costo directo de la energía, éste se podía considerar un enfoque válido, pero ese indicador se ha vuelto cada vez más imperfecto. Es hora de repensar nuestro modelo y sopesar las implicancias que tendrán en el futuro las decisiones que tomemos hoy, barajar las opciones actuales y futuras y decidir qué combinación le conviene más al país.

La termoelectricidad aparece como una opción fuerte para el corto y mediano plazo. Es una tecnología que permite generación a gran escala y con baja incertidumbre, con costos competitivos aunque volátiles. Es una opción madura y que se encuentra disponible en todo el mundo. Como se mencionó antes, tiene desventajas por el lado de la dependencia y la contaminación. A su favor, ante eventuales avances tecnológicos, podrían disminuir sus emisiones de GEI netas a través de secuestro y captura de CO2, o ser derechamente desmanteladas sin dejar daños irreversibles al nivel de otras alternativas (como Hidroaysén).

La hidroelectricidad lideró durante años nuestro desarrollo, pero hoy está algo aletargada. Esta opción, como ya se detalló antes, posee cualidades muy deseables, siendo su punto débil el desempeño en caso de sequía.

Si bien los recientes eventos en Japón nos predisponen en contra de la opción nuclear, no podemos renunciar a ninguna alternativa de antemano. Prejuzgar su comportamiento por la falla de instalaciones con más de 30 años de antigüedad parece precipitado. Hoy el mundo está dividido; mientras países como Francia siguen firmes en su uso -cerca del 76% de su producción eléctrica- otros, como Alemania, desarrollan planes para su erradicación. Estudios que analicen la factibilidad de uso en territorio chileno de tecnologías modernas y que determinen en forma certera los costos y los riesgos es el camino a seguir. Una conclusión probable es la inviabilidad, pero es importante que esta sea fundamentada. De cualquier modo, la primera unidad nuclear no entraría en servicio antes de 15 o 20 años y pasa a ser una solución de largo plazo.

Las alternativas ERNC son atractivas ya que utilizan fuentes primarias renovables, propias, limpias, en su mayoría gratuitas y, en el caso chileno, abundantes. Si bien sus costos de desarrollo son superiores a las alternativas convencionales, debido en gran medida a que son tecnologías menos maduras y que aún no se adoptan en forma masiva, se vislumbra que en el futuro cercano algunas de ellas competirán a la par. Tal vez no logren ser una opción de generación masiva -con la excepción de la solar y tal vez la geotérmica-, pero sin lugar a dudas serán un complemento valioso para nuestra matriz.

La eficiencia energética es catalogada muchas veces como carente de sustancia, demasiado insignificante para marcar una diferencia. El caso de California, que mediante una acertada estrategia de eficiencia logró reducir su consumo per cápita hasta casi la mitad que el resto de Estados Unidos, es un ejemplo que contradice este pensamiento.

Eficiencia, en este contexto particular, se refiere a la disminución en el uso de electricidad sin disminuir el valor que de ésta se obtiene. El ejemplo clásico es sustituir ampolletas incandescentes por fluorescentes compactas, que puede reducir el consumo a 1/5 sin renunciar a iluminación, i.e., al confort. Si bien la inversión es mayor, un cálculo simple nos demuestra que en el corto plazo generan un beneficio monetario para el usuario. Otro ejemplo es apagar el computador en la noche mientras nadie lo utiliza. Este caso, que refleja el desinterés del ciudadano medio, no implica siquiera un desembolso de dinero, sólo un cambio conductual que a estas alturas considero una obligación ética. ¿Quién no ha visto edificios con gran par te de sus oficinas iluminadas en medio de la madrugada? Evidentemente, a nivel industrial hay muchos ejemplos incluso más significativos.

Hoy existen distintas alternativas -maduras y en proceso de maduración y seguramente en el futuro surgirán otras que hoy ni imaginamos. El futuro se construirá como una combinación de estas, pero el peso que tendrá cada una depende de los objetivos que tracemos. ¿Sólo nos preocupará el costo monetario de cada kWh generado? Entonces podemos seguir como ahora. ¿Le asignaremos un valor real al medio ambiente, enfrentaremos el desafío que impone la Huella de Carbono, reduciremos nuestra dependencia energética? Pues, entonces, debemos cambiar. Existen muchas interrogantes y las respuestas son aún incompletas y fragmentarias.

La construcción de Hidroaysén, el fomento de la competitividad en un mercado eléctrico altamente concentrado y la remoción de trabas en el desarrollo de los sistemas de transmisión son temas que requieren de una pronta definición, pero son piezas de un puzle más grande. Si queremos evitar que surjan nuevos problemas o que estos persistan y se repitan en el tiempo, es imprescindible comenzar a tomar decisiones con una amplia visión de futuro.



Este artículo fue publicado originalmente en la Revista del Colegio de Ingenieros.

Por Nicolás Méndez, editor de Central Energía.

Categories: Política Energética
  1. Eduardo
    08/11/11 a las 02:51 | #1

    Nicolas,

    Eme gusta mucho el análisis, de hecho es muy parecido a como pienso. De hecho, muchos de los desafíos energéticos no han sido sopesados como se debe. Es por eso que he tome la decisión de estudiar estos temas. Actualmente estoy recién empezando (me titule el año pasado de economía en la Chile) y estoy interesado en analizar varios mercados, actualmente estoy viviendo en Japón para ver como les bacon las políticas tomadas para mejorar lo de fukushima. Por lo que he estado viendo, dentro del plano completo no es tan grave como para generar una gran crisis energética, pero puede llevar a tomar muchas decisiones interesantes. De todas maneras, me interesa esa mirada del largo plazo que muchas veces parece haber desaparecido en la discusión nacional.

    Muchas gracias por el articulo,

  2. Dario Ciro
    19/08/11 a las 20:04 | #2

    Sin querer polemizar en este entretenido debate de ideas, yo centraría el punto en como se producirá la energía que consumiremos en los proximos 20 años. Primero hay coincidencia de que energías alternativas como la eólica, térmica y solar todavía no tienen el desarrollo necesario para representar una opción (es una puesta a futuro). ¿que nos queda entonces?… carbón e hidroelectricidad. Ante este escenario prefiero mil veces la hidro que el carbón ya que este último es muy contaminante y pelidroso para salud de la población, sobre todo cuando el carbón futuro sería de Isla Riesco, mineral de muy baja ley y altamente tóxico. En definitiva, aunque me duela el corazón, todos los caminos confluyen hacía hidroaysén.

  3. Carlos Bohle
    17/08/11 a las 08:34 | #3

    @Daniel Walker Del Río
    Me voy a meter tarde a la discusión (recién saliendo de la tesis final). Respecto a la planificación territorial y a la injerencia del estado, vs. la libre decisión del mercado, yo creo que además se deben definir en canchas un poco distintas. Me explico: nadie más que el estado puede definir que el valle de Cochamó tiene un valor natural altísimo que debe ser protegido a prácticamente todo evento, evitando cualquier tipo de alteración. Pero la respuesta ahí no es decir “aquí no se hacen hidroeléctricas”, sino más bien definir los atributos intransables del valle y que deben ser respetados por cualquier proyecto. La prohibición a proyectos específicos no me gusta porque no toma en cuenta el potencial de nuevas tecnologías y mejoras en diseño que pueden compatibilizar la explotación del recurso con su alto valor natural.
    Por otro lado, el mercado no es el único enfrentando estímulos perversos en el tema energético. El estado también sufre de eso, a través del apoyo o rechazo público que concitan algunos tipos de energía o intervenciones ambientales, particularmente en una situación donde cualquier proyecto grande se cruza con elecciones. Si eso es peligroso en casi todos los temas, en el energético-ambiental, de alta complejidad técnica (y por ende barreras de entrada al análisis) el resultado se pone peligroso.

  4. Daniel Walker Del Río
    16/08/11 a las 16:52 | #4

    @Joaquin Barañao
    Todo modelo tiene virtudes y fallas y debe ser juzgado tomando en cuenta las fallas y virtudes de los modelos alternativos. Creo que en ningún escenario se tiene toda la información en la mano. Me da la impresión que, aun que existiese una institucionalidad y una metodología competente, el problema de evaluar algo exclusivamente basado en su propio merito es que se pierde de vista el mérito “del todo”, lo que realmente importa, que en mi opinión se debe maximizar. Me satisface el concepto holístico de mirar primero el comportamiento del todo y luego ir a las partes.

  5. 12/08/11 a las 17:09 | #5

    @Daniel Walker Del Río
    Planificación territorial… esa fue una de los grandes huesos de la discusión de la ley que creó el Ministerio del Medio Ambiente. Yo tengo mi corazón dividido, pero finalmente mi voto es negativo. Prefiero que las represas en Cochamó se rechacen evaluadas en su mérito que intentar clasificar todo el territorio sin toda la información en la mano. De pronto, haciendo eso, perdemos oportunidades en centrales de pasada hipereficientes ambientalmente (como Alfalfal) pero que por estar en un macroentorno sensible no se podrían ejecutar.

  6. Daniel Walker Del Río
    11/08/11 a las 15:33 | #6

    @Kallfulikan

    Bueno ya Kallfulikan.

    Ahora, en relación a lo de Renato y Joaquín. A mi tampoco me queda tan claro que la liberalización total del mercado electrico sea un modelo adecuado para momentos históricos en que las externalidades son tan altas y en donde el optimo de mercado se encuentra tan lejos del social. No se si el mercado, sujeto a la legislación actual (o más rígida), sea capaz de internalizar los conceptos de “seguridad energética”, “protección del medio ambiente” o “estratégia pais”. Tampoco creo en la estatitización del mercado electrico, eso tiene cero sentido. Creo en un hibrido. Me gusta la hidro, pero no quiero hidro en todos los ríos de Chile, encuentro necesario el carbón pero no en todos los valles de Chile. Creo que se debe planificar antes y luego dejar que el mercado funcione, pero sobre la cancha bien rayada. Queremos hidro, ok, elijamos ciertos valles y demos mil incentivos al mercado pa que los tape con hidroelectricas. Queremos carbón, ok sacrifiquemos otro grupo de lugares donde no viva gente y tapemolas a Carbón. Pero dentro de una estrategia global de país. Si queremos fomentar el turismo en Cochamó, bueno, protejamos los ríos de Cochamó y prohibamos las hidro en Cochamó. Queremos hidro, bueno, elijamos ciertos valles y los tapamos a hidros. Para optimizar el potencial del pais como un todo y no solo el potencial energético se requiere de mayor participación y planificación del estado.

  7. Kallfulikan
    10/08/11 a las 18:51 | #7

    Hidroaysén NUNCA se va a construir, primero porque el 75% de los chilenos que hoy nos oponemos no lo vamos a permitir, cosa de ver lo que sucede en las calles de Chile. Segundo porque HA JAMÁS va a estar completamente aprobado antes de que se vaya de La Moneda el Presidente chanta que tenemos y que es su principal defensor. Más aún HOY, HA NO EXISTE pues está PARALIZADO de cualquier tramitación ambiental por decisión de la Corte de Puerto Montt que acogió un recurso de NO INNOVAR hasta que se aclaren 3 demandas por irregularidades en su aprobación. Además la Contraloría también RECHAZÓ la aprobación que hizo la DGA de derechos de agua esenciales para su proyecto y sin ellos no pueden construir NADA. No se puede hacer pan sin harina

    Antes de 2014 tendrían que resolver el tema del tendido electrico, del cual ni siquiera tienen el EIA, contestar observaciones de 9 regiones, adendas, permisos ambientales, no tener recursos legales pendientes y seguir soportando la oposición no solo nacional sino internacional. Y el siguiente Presidente de Chile -por ningún motivo- apoyará esta esta aberrante idea.

    ¿Capici?

  8. Renato Valdivia
    10/08/11 a las 18:29 | #8

    Joaquín, de acuerdo contigo, los privados suelen tener la mejor información, pero a veces no toman la mejores decisiones. Si hay óptimos locales (para las empresas) que difieren del óptimo global, o cuando los intereses individuales difieren del interés general, hay espacio para intervenir. Por ejemplo, si el mercado eléctrico tiene efectivamente barreras de entrada (cosa ampliamente debatida) y los actores establecidos tienen incentivos en que se atrasen los proyectos y firman contratos que no establecen incentivos a reducir los precio (traspasando los marginales), entonces yo creo que esta situación debe ser analizada y eventualmente intervenir la solución “de mercado”.@Joaquin Barañao

  9. Daniel Walker Del Río
    10/08/11 a las 18:27 | #9

    @Kallfulikan

    Algunas preguntas para entender tu punto:
    ¿Por qué dices que las empresas mineras no pagan impuesto?. Puede que paguen menos de lo óptimo pero no entiendo la relación de eso con la electricidad. ¿tu punto es que dado que la minería paga menos impuestos de lo que como pais quisieramos, hay que hacerlos pagar más por electricidad?, o sea, en vez de legislar para hacer que paguen más impuestos hay que hacer que construyan centrales de ERNC? O sea, que tu consideras que todo el impuesto extra que se le debería cobrar a las mineras debería ser asignado al sector electrico y ningún peso a la educación, salud, infraestructura, etc?

    Siento que estas mezclando cosas. Dada la inigual distribución de la riqueza de Chile, ¿hay que frenar el desarroyo electrico y economico?. No me queda clara la lógica que usas. ¿Dada que el 65 % de la electricidad lo consume la industria y la minería, hay que frenar el desarrollo electrico?

    Yo estoy deacuerdo en que las mineras podrían pagar más impuestos de los que pagan y aún así mantener el nivel de inversión (juicio que hago basado en el ojimetro), pero no entiendo la logica que sigue luego de eso…

    Por último, ¿Que argumento nuevo se debería generar al saber que en la minería hay maquinas que necesitan desde 10 MW hasta 100MW de potencia y en aysen se consume 25 MW?. No es obvia esa respuesta y quisiera entender por qué pones esa pregunta como si fuera la conclusión de tu argumento.

  10. 10/08/11 a las 17:29 | #10

    Buena columna Nicolás

    Considero acertado que la política energética sea la de un “mercado bien demarcado”: que sean los inversionistas quienes detecten las mejores oportunidades y las desarrollen sin planificación central, y que sea la autoridad la que:
    1- decida los estándares ambientales mínimos (cuando se pueden establecer objetivamente, como en las emisiones de las termoeléctricas)
    2- Se pronucie sobre los atributos de mérito (cuando no se puede objetivar, como la inundación de hidroeléctricas)
    3- Establezca incentivos focalizados, como el modelo de cuotas de la ley ERCN o los subsidios a la tecnología termosolar

    Pero, aunque para muchos sea políticamente incorrecto, son los inversionistas los que mejor información poseen. Tras la implementación de Transantiago, recuerdo a un asesor del Ministerio de Transportes (Concertación) declarar “ahora entiendo a Hayek” en referencia a que son los actores del mercado los que tienen la información: eran los empresarios microbuseros los que sabían donde estaba la demanda y cómo definir los mejores nuevos recorridos, no la autoridad desde su sillón ministerial. Acabo de describir 3 importantísimos roles del agente regulador, pero el protagonismo dejémoselo a quienes llevan décadas prospectando la cordillera

    @Kallfulikan
    Sin comentarios tu comentario. Las mineras son los malos de la película porque consumen mucha energía y muchas son de propiedad extranjera… supongo que, consecuentemente, no tienes tele ni usas cables de cobre. Viejo, la demanda minera la generamos todos a través de nuestro consumo

  11. Kallfulikan
    10/08/11 a las 16:14 | #11

    El autor hace ninguna referencia al asunto ¿Quién necesita esa energía? A saber, aprox. un 65% del SIC-SING es consumido por el complejo minero-industrial, un 40% por empresas mineras que no pagan impuestos y saquean nuestro recursos naturales. Lo justo es que ellas sean obligadas a generarse su propia electricidad y en ERNC, si no les gusta, que se vayan, debe haber muchísimos inversionistas dispuestos a ganar la mitad de lo que ganan actualmente esas transnacionales. Finalmente sabía que en faenas mineras son comunes maquinarias que consumen desde 10 MW hasta 100 MW y que toda la región de Aysén consume 25 MW?

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