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Carta abierta a los niñitos del futuro que no conocerán la Patagonia

BakerMe opongo a Hidroaysén, no a la energía, ni a la hidroelectricidad, ni a Endesa, ni a Colbún ni a ningún otro grupo empresarial chileno o extranjero. Me opongo a Hidroaysén y no soy ambientalista, ni anticapitalista, ni anarquista, ni vegano, ni terrorista. Me levanto en la mañana y me voy a trabajar y hago ese tipo de cosas. Nada más ni nada menos. Si tenéis alguna duda venid y buscad vosotros mismos trazos de TNT entre mis ropas.

Me opongo a Hidroaysén porque entiendo las ventajas y desventajas del proyecto. En medio de este festival de millones y billones de dólares y kilowatts he tomado nota de los beneficios que el proyecto traerá a la zona. Y también entiendo que el área inundable está bien por allá lejos, en las profundidades de la séptima cifra decimal. Sin embargo me opongo.

Me opongo a Hidroaysén porque no lo considero imperioso. Porque me consta que no vamos a quedar a oscuras durante la transmisión de la próxima copa América. No hay para que exagerar, claro, siempre y cuando no estemos a cargo de una campaña publicitaria. Sin considerar Hidroaysén, en este momento hay cerca de diez gigawatts aprobados o en espera de ser aprobados. Esto es más o menos el setenta por ciento de toda la capacidad instalada de Chile. También sé que las energías renovables no convencionales no bastarán por si solas para cumplir con la demanda de los próximas décadas. Como casi todo en la vida, tengo la impresión que la respuesta es una combinación de varias alternativas. Y entiendo que no existe una única solución energética para el país y que cada región resolverá este dilema tomando en cuenta sus condiciones climáticas, geológicas, ambientales y sociales; centrales a gas, a carbón, embalses, centrales de pasada, calentadores solares, geotermia y eólica en el norte, biomasa en el sur, por nombrar algunas tecnologías robustas y competitivas hoy. Y enfatizo esto último; hoy. Porque entiendo que las turbinas mareomotrices están en desarrollo, los paneles fotovoltáicos son aún bastante caros, y la fusión nuclear la pueden esperar sentados. No me quedo entrampado en sueños victorianos. Pragmatismo señores, pragmatismo. También sé que no será una energía barata debido a la duplicación del costo de inversión que implica la construcción de mil novecientos kilómetros de cableado. Y no me gusta el manejo de aguas; en el mismo día los ríos verán el máximo y mínimo histórico para inyectar energía al Sistema Interconectado Central cuando la demanda es alta y así el precio y el retorno será mayor.

Y me opongo porque creo que quince años, el tiempo de construcción del proyecto Hidroaysén, es suficiente para desarrollar energía geotérmica para los proyectos mineros del Norte Grande. Porque quince años es una eternidad cuando hablamos de concentradores solares. Quince años es el infinito cuando se trata de energía eólica. Al fin y al cabo esto se trata de planificar hacia el futuro, no. Veinte, treinta, cuarenta años. Yo al menos espero haber muerto como una estrella de rock para entonces.

Me opongo a Hidroaysén ya que cuestiono la proyección de crecimiento de la demanda eléctrica de un 5.8% anual definida por la Comisión Nacional de Energía. Tal como mostró un estudio de la Universidad de Chile, nuestra patria, queridos conciudadanos, nuestra patria entró al grupo de países que desacoplaron el crecimiento del producto con el crecimiento de la demanda energética. Es decir, usamos cada vez menos energía para producir la misma cantidad de bienes. Y no es redundante señalar que el consumo residencial es un séptimo del consumo eléctrico total. Son el sector industrial y primario, aquel que procesa recursos naturales, quienes consumen la mitad de la torta. Ergo, ¿de dónde viene ese 5.8%?

Me opongo a los cinco embalses de Hidroaysén y no al desarrollo. Porque me resulta difícil entender que no contemos con un programa nacional de reciclaje. Porque nuestras normas de aislación térmica son tan deficitarias que un hogar en Alemania usa tres veces menos energía en calefacción que su par en Santiago. Porque no veo calefactores solares en las techumbres a pesar de ser una tecnología probada cuyo costo de compra e instalación se recupera con el ahorro consiguiente en apenas cuatro años.

Me opongo a Hidroaysén siguiendo mis pulsiones viscerales, porque, a mi pesar, no sé cuanto cuesta inundar los valles del Baker y Pascua. No lo sé. Cuánto le costará a la industria del turismo en la región. No lo sé. Cuánto vale abrir las puertas de la zona para transformarla en un conglomerado de represas una vez que a los embalses de Hidroaysén se sumen los otros diez proyectos en estudio. Cuánto vale eso. No lo sé. ¿Tendrá ese costo algo que ver con el área inundada? ¿Cuánto cianuro se necesita para matar al Rey? En este juego de Metrópoli donde todo lleva un precio, ¿cuál es el costo de los embalses en la Patagonia? No lo sé. Y aún así me opongo.

Me opongo a Hidroaysén y no a Colbún ni Endesa. Si estás en el negocio de generar energía no hay nada de malo en querer vender más energía. Pero no me gusta el lugar elegido, como tampoco me gustó la fantástica idea de poner una central a carbón junto a una reserva natural de pingüinos de Humboldt. Ni Colbún ni Endesa son responsables de definir nuestras políticas públicas energéticas. Así como tampoco es responsabilidad de Patagonia Sin Represa. Y sé que nadie tiene ese rol. Por ley nadie tiene atribuciones para decidir donde instalar la próxima central. Mientras no sea ilegal, se construye. Y los empujoncitos no están de más.

Me opongo a Hidroaysen porque no me gustan esas Comisiones de Evaluación Ambiental sin votos en contra, dónde los proyectos se aprueban por unanimidad por seremis nombrados a dedo por el presidente de turno. No me gustan tampoco esos seremis inhabilitados con hermanos que compran tierras inundables y que designan subalternos para que les reemplacen, mientras la masa enfervorizada a las afueras se trata de hacer escuchar a empellones. No me gusta esa unanimidad. Y me opongo a donaciones de Endesa España de un millón de euros a la fundación Integra dirigida por la esposa del Presidente.

Quizá es cierto; planillas excel, megáfonos y publicidad-spam están de más. Como lo mencionó alguien por ahí, esta es una lucha de clases. Pero una lucha entre esa clase de tipos que opera una refinería y esa clase de personas que no pueden mandar a sus hijos a una escuela cerrada por contaminación a recibir una de las peores educaciones del mundo civlizado. A fin de cuentas, esto es sobre desarrollo. Justicia. Y claro, felicidad. Si existe un dieciocho por ciento de pobres no es porque nos falte energía. Me asalta una duda; ¿son felices los pobres? Que los profesores se gradúen sin dominar los temas que enseñarán a dos mil alumnos durante su carrera profesional no es achacable a tal o cual central. No es sobre densidad energética ni dólares por megawatt hora. Esta es una discusión moral.

¿Puede algo no serlo?

Por Patricio Lillo, Ingeniero y ex profesor UC. Candidato a MSc en diseño estructural de aerogeneradores.

  1. Ariel Zuñiga
    11/06/11 a las 13:19 | #1

    El proyeto se haga o no. ni la mitad de la mitad de todos los personajes que salen a las calles a protestar por dicho proyecto lo conoceran jamas (Patagonia) y eso te lo doy firmado :)
    los unicos beneficiados con que el proyecto no se lleve a cabo es el medio ambiente por supuesto. y los empresarios turisticos de la zona que lucran con el territorio nacional, ellos son los que han ganado siempre y no dejaran de ganar. no es que me paresca algo malo el turismo en la region solo que se da prioridad a cierto secto o publico, especialmente extranjeros. que son los que disponen del dinero para visitar la zona, que por sierto no es nada de varato.. si tanto les da para pedir que no se construya la Hidroelectrica. exijan al estado una forma mas asequible de poder los mismo chilenos conocer la zona, ya que muchos de ellos antes de ni conocer que se haria un proyecto hidroelectrico en la zona, no tenian idea de la maravillas de la naturaleza que hay en ese lugar…
    la idea es simple, que dicho sector sea asequible para todos los chilenos que deseen conocerlo y no solo para los que tienen ” mayores ingresos”.. y no seamos Hipocritas nosotros mismo que todabia no aprendemos a botar los papeles de lo que usamos donde corresponde y nos creemos ambintalistas.. todo se construye en casa, si no queremos basura (Hidroaysen) en nuestro patio no botemos basura en nuestro jardin.

  2. 09/06/11 a las 17:04 | #2

    Adhiero a usted señor Lillo. Y me permito resaltar dos aspectos de lo mencionado.

    Primero, la falta que nos hace una política pública energética, me incomoda que la producción de energía (y sus respectivas centrales de producción) esté entregada a la iniciativa privada, a la regulación del libre mercado. Por favor! hace tiempo sabemos que “el mejor de los mundos posibles” no vendrá del libre mercado; en el sólo rige la maximización de las utilidades y los beneficios privados. Nada de sustentabilidad ecológica, nada de sustentabilidad social, y sospecho que no demasiada eficiencia energética. Pero para eso están los gobiernos, para las proyecciones al más largo plazo, para la valoración de todos los aspectos que afectan al país y a sus ciudadanos. ¿Tenemos un gobierno, cierto? ¿Hasta tenemos un ministerio de energía? …tienen trabajo por delante, lo exigimos.

    Lo segundo es el llamado a la moral. Hoy hablar de moral es estar casi fuera de lugar, cuando vivimos en el mundo de los “incentivos” (económicos casi siempre). Me niego, si voy a tomar una decisión que sea de acuerdo a mi moral: también me opongo a Hidroaysén.

  3. Jaime
    09/06/11 a las 15:40 | #3

    Buena columna Patricio. si algo me molesta de gran parte de mis colegas ingenieros, de todas las especialidades, es que antes que personas, son ingenieros…
    Cuando he discutido sobre Hidroaisén, me he demorado en promedio media hora antes de llegar al debate técnico. Es una discusión completamente moral.
    Felicitaciones muchachos por disponer de este espacio.
    Saludos,
    Jaime Rojas L.

  4. rene
    09/06/11 a las 09:07 | #4

    que buena columna, creo que tocas todos los temas importantes sin poner el fundamentalismo de por medio. adhiero 100% a tu visión. saludos

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