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La otra cara de Hidroaysén

Clean CoalEn una reciente columna, Daniel Walker expuso algunas razones contundentes para apoyar Hidroaysén. Resumiendo burdamente, la tesis del mal menor. Hasta hace no mucho, yo adhería a la misma idea. Pero cada vez me surgen más dudas.

Veamos. Las tres alternativas para generar energía masivamente son la hidroelectricidad, la termoelectricidad y la energía nuclear. Las ERNC por si mismas difícilmente podrán aportar el grueso de la base del crecimiento en los próximos 10-15 años. Más adelante, es otro cuento.

Dado que la primera unidad del complejo hidroeléctrico estaría entrando en operaciones en torno a 2021, se descarta la energía nuclear, ya que aún cuando Chile decidiera implementarla, no la tendría disponible a tiempo para que sea una alternativa a Hidroaysén. Y terminamos con el dilema: hidroelectricidad vs termoelectricidad.

¿Cuáles son las 3 razones que menciona Hidroaysén en su campaña para posicionar su proyecto? Limpia. Renovable. Chilena. Vamos punto por punto.

limpia renovable chilena

La hidroelectricidad efectivamente es limpia en comparación con las alternativas, aunque emita millones de toneladas por descomposición de materia vegetal. Y más encima, entre las exigencias que se le hizo al proyecto en la Comisión de Evaluación se cuenta la tala de los árboles en los sectores a inundar, justamente para prevenir este efecto. En contraposición, es conocido el efecto que han tenido las centrales térmicas en lugares como Puchuncaví.

Sin embargo, es evidente que unidades construidas hace más de 40 años no son comparables a una unidad de última generación. No lo son por el cambio tecnológico, avance que se puede hacer análogo al consumo de un automóvil de los años 60 con un modelo del último salón del automóvil. Y no lo son por el cambio mentalidad, esa que en la década del 60 no se preocupaba las emisiones locales y no conocía el concepto de los contaminantes globales, y hoy ha impulsado una nueva norma de emisiones termoeléctricas que levanta las exigencias al nivel de algunos países europeos, si bien aún es perfectible. Y es posible, incluso probable, en vista de las masivas expresiones ciudadanas en torno a la nueva sensibilidad ambiental, el ingreso a la OCDE y los crecientes niveles de bienestar económico de Chile como país, ésta se haga aún más estricta hasta 2017, año en que tendría que comenzar la construcción de la central termoeléctrica que reemplace el primer embalse de Hidroaysén. Con tecnología de 2017 (léase con tintes futuristas). Incluso no se puede descartar que ante las nuevas exigencias ambientales, la irrupción del shale gas y los esfuerzos del gobierno por liberar el acceso a los terminales regasificadores las unidades de Ciclo Combinado, ambientalmente mucho más amigables que las unidades a carbón, vuelvan a ser competitivas.

Quedaría el tema de las emisiones de CO2. Actualmente existen tecnologías para la captura y almacenamiento de carbono (CCS). Pese a los grandes esfuerzos que los países industrializados le están dedicando, aún no son comercialmente viables. Sin embargo, para 2021 puede que lo sean. O en algún momento posterior. La tecnología puede ser implementada en una planta operativa, análogamente a la instalación de filtros. Hoy es difícil que persona alguna se aventure a ponerle fecha a la implementación masiva del CCS. Pero al menos, estos párrafos sirven para poner en entredicho la ventaja en cuanto a limpieza de la hidroelectricidad por sobre la termoelectricidad en la próxima década.

Vamos al segundo punto. Renovable. Tampoco voy a poner en duda la calidad de renovable de la hidroelectricidad. Sin embargo, la acumulación de sedimentos en la presa le pone un horizonte al tiempo que éste puede operar. La vida útil difícilmente podrá superar los 100 años. Dada la abundancia de carbón en el mundo, es difícil que las reservas se extingan a tiempo como para calificar el concepto de renovable como una ventaja del agua por sobre el carbón. ¿Cuál sería la relevancia desde el punto de vista económico del hecho de no ser renovable, si no hay escasez?

Y el tercer punto. Chileno. Aquí el gran argumento es la dependencia energética de Chile debido a la importación de combustibles fósiles. Sin embargo, la aprobación del proyecto Isla Riesco, si bien está lejos de resolver este punto, lo alivia para la generación a carbón. Las 7 unidades de 350 MW que se requieren para reemplazar Hidroaysén consumirían anualmente del orden de 6 millones de toneladas de carbón. El mismo nivel de producción que pretende alcanzar Mina Invierno, uno de los yacimientos de Isla Riesco. Y con ese nivel de producción, las reservas de 240 millones de toneladas alcanzan para 40 años, o sea, cercano a la vida útil de una unidad a carbón. Más allá de las emociones que a uno le pueda provocar el proyecto Isla Riesco, el hecho de su aprobación debilita el argumento ventajoso del agua como recurso natural frente al carbón.

Finalmente, hay otro punto que se utiliza como fuerte argumento en favor de Hidroaysén: es económico. Y efectivamente, considerando una inversión de 7.500 millones de US$ entre centrales y línea, el costo de desarrollo del proyecto resulta del orden de 40 US$/MWh. Esto es muy económico. Pero para sus impulsores. No olvidemos que en la reciente licitación de suministro eléctrico, Endesa, el primer generador hidroeléctrico del país y controlador de Hidroaysén, se adjudicó bloques en más de 90 US$/MWh, y Colbún, el segundo generador hidroeléctrico y otro socio del proyecto, ni siquiera presentó oferta. ¿A qué voy con esto? Que mientras el marco regulatorio del sector eléctrico se mantenga inalterado, bajos costos de producción no necesariamente implicarán bajos precios.

Al fin y al cabo, Hidroaysén es un proyecto muy relevante, pero carga con el peso de expectativas desmedidas. La eventual eliminación de la pobreza no se le podrá atribuir a su realización como tampoco se podrá culpar la persistencia de ésta si no se llegara a construir. Eso tiene que ver con cosas más profundas como la distribución del ingreso. No se va a deber a Hidroaysén si bajan los precios de la energía como tampoco se podrán achacar futuros períodos de estrechez a la ausencia del proyecto. Eso va a depender de la posibilidad de implementar una política energética con planificación de largo plazo.

¿Qué quiero concluir? Creo que la hidroelectricidad es un recurso que Chile debe explotar, a toda escala, integrando los mejores estándares ambientales en el diseño. Pero en el caso particular de este proyecto, es complejo concluir si lo anterior se cumple y anticipar si Hidroaysén, sumando y restando, resultará a la larga conveniente para Chile. Pero ante la gran incertidumbre e irreversibilidad de la decisión, vale la pena sopesar la termoelectricidad bajo la siguiente mirada: una alternativa transitoria a desarrollar mientras maduran otras alternativas tecnológicas, la que, bien ejecutada, puede suponer un compromiso balanceado entre los diferentes argumentos que impulsan la discusión. Y contar con esa alternativa, una termoelectricidad no satanizada, ciertamente le pondrá presión a Hidroaysén para lo que viene: diseñar una línea de transmisión con el menor impacto posible y hacer los máximos esfuerzos para no tener dos líneas paralelas por no haber llegado a acuerdo con Energía Austral.

Por Renato Valdivia, cofundador y editor de Central Energía.

  1. Cristian
    21/08/11 a las 22:23 | #1

    ME GUSTARÍA SABER DESDE EL PUNTO DE VISTA LEGAL , ¿ LAS TERMOELECTRICAS QUE NORMAS INFRINGEN ?
    ADEMÁS SI ES QUE SE PUEDE COMO SE DICE EN BUEN CHILENO…. LAS HIDROELECTRICAS, A PESAR DE SER UN TIPO DE ENERGIA MÁS COSTOSO QUE UNA TERMOELECTRICA, ¿SON MÁS BENEFICIOSAS A UN PLAZO LARGO DE TIEMPO ?
    DE ANTEMANO GRACIAS :)

  2. 27/05/11 a las 19:06 | #2

    Hola Renato, comento solo el tema de las emisiones de CO2, la captura y almacenamiento de CO2 sigue siendo casi una utopía ya que sería extremadamente costoso económica y energéticamente, lo que debilita fuertemente su razón de ser, incluso si es que le asignamos probabilidades de éxito a esta eventual tecnología, estas al ser muy pequeñas no son significativas en un analisis para la toma de desiciones hoy. Otro aspecto a considerar en tu artículo es que las centrales a carbón sí dependen de otros paises, ya que la capacidad calórica del carbón chileno es muy baja, hoy se mezcla con carbón canadiense principalmente. También te comento que las emisiones por descomposición vegetal provocadas por la inundación no son significativas respecto a la cantidad de combustibles fósiles necesarios para la generacion de energía equivalente, si esto fuera así rogaría a los ambientalistas que se preocuparan por los estragos provocados por los castores (especie no nativa) que han inundado miles de Há de bosque nativo sin que a nadie le importe en la XI y XII región. Luego la reforestacón prometida de Há equivalentes a las destruídas capturan enormes cantidades de CO2, ya que los árboles alcanzan su mayor capacidad de captura en su etapa de crecimiento.
    Defiendo, creo, actúo y trabajo (a diferencia de muchos ambientalistas) en pro del carbono neutral, creo que es una meta a seguir para todos los que de verdad queremos ayudar a cuidar nuestro planeta de manera inteligente, es una meta medible y cuantificable que para lograrla genera que “aguas arriba” se tomen las desiciones que preservan nuestro planeta, y el clima que creó y mantiene nuestra patagonia, nuestro mar y nuestros hielos eternos. Saludos.

    Mauricio Vera. I.Comercial UC. Socio y G. Comercial de TaxiGo

  3. Carlos Bohle
    26/05/11 a las 19:42 | #3

    @Renato Valdivia
    Renato, totalmente de acuerdo con la línea. Personalmente me reconozco dentro de los que justificarían incluír en nuestro código penal la pena de colgar de los pulgares a los que sean sorprendidos talando alerces, y tengo ya decidido trasladarme en un plazo máximo de 2 a 3 años al sur porque necesito vivir en una región con “verde”, no como Santiago. En ese sentido, me parece que sería una brutalidad que pasar por el Cerro Castillo, Puyuhuapi o el ventisquero Queulat viendo el paisaje a través de torres de transmisión. Mi único punto es que poner sobre este proyecto la destrucción de la Patagonia (que no es tu punto, pero sí lo he escuchado varias veces) es un poco exagerado, porque aún con Hidroaysén puede permanecer llena de parajes espectaculares sin intervención. Y esa definición ya está atrasada un par de años: qué partes de la patagonia, más allá de las reservas naturales, queremos reservar para hacer un desarrollo plenamente turístico, y que zonas se declaran aptas para otro tipo de desarrollos (ganadero, forestal, etc.). Pienso que la discusión de conservación de la patagonia no puede ir desligada de una propuesta concreta de cómo generar condiciones de desarrollo para la región, no asistencialismo centralizado, sino que desarrollo en base a producción propia, para mejorar la calidad de vida en cuanto a infraestructura y servicios.
    Que más…totalmente de acuerdo en que hacer dos líneas por lugares distintos es una aberración. Y también con lo de la no-demonización de la termoeléctrica (recuerda mi viejo post sobre barrancones). Al final necesitamos de todo, no hay “una” tecnología que sea la solución, y siempre he preferido hablar de los impactos con frialdad, racionalidad y ojalá la documentación precisa sobre la mesa, porque ningún proyecto es tan santo ni tan diabólico (ni siquiera en ERNC), y mucho menos fácil de analizar como para juzgarlo a la primera.

  4. Renato Valdivia
    26/05/11 a las 18:39 | #4

    Carlos, efectivamente los embalses no son, en mi opinión, la parte de mayor impacto del proyecto, más allá del documento que anda dando vuelta, “Hidroelectricidad realmente sustentable para Chile” y de acuerdo el cual se podría haber diseñado mejor; yo carezco de conocimientos para evaluar eso.

    Yo soy de la opinión que hay que aprovechar el potencial hidroeléctrico de Chile. Pero bien hecho. Pero en este proyecto particular, más allá que uno pueda discutir si se pudo haber diseñado mejor o no, la parte aún no evaluada del proyecto, la línea, con su extenso recorrido por un sector donde Chile podría ver mermas económicas en el futuro, sujeto a un fuerte desarrollo de su industria turística, y otras derivadas del valor intangible que le asignemos a la zona, tendrá un impacto bastante más relevante. Y para más remate, no llegan a acuerdo con Energía Austral para compartir la línea argumentando inviabilidad económica (dado el costo de desarrollo de estos proyectos, no se sostiene) y estabilidad del sistema (pero bajo sus propios argumentos de necesidad de crecer y duplicar el sistema, los 35.000 a 40.000 MW del SIC, excluyendo la probable interconexión con el SING, hacia 2025, no deberían ser incapaces de soportar la pérdida de 3.800 MW, que cumple con el criterio de seguridad de 10%), generando un mayor impacto perfectamente evitable.

    Ante este escenario, lo que quiero plantear es lo siguiente: así como se ha generado tanta oposición a la gran hidroelectricidad, en parte injustificada o sobredimensionada, también se ha satanizado en exceso la termoelectricidad. Mirándola con mayor objetividad y con las exigencias ambientales adecuadas, puede resultar una alternativa que permita: a) reemplazar HA b) generar la presión requerida para que se diseñe y construya la mejor línea posible (i.e. una línea, construcción por helicóptero para minimizar caminos y tala, etc.).

  5. Patricio Segura
    26/05/11 a las 18:19 | #5

    Hola, en realidad, la Patagonia es mucho más. Pero el río Baker, y la cultura y economía asociada, es el corazónd de la Región de Aysén. Tiene la provincia Capitán Prat (donde el proyecto ya plantea unos 200 kms de torres de 70 metros de interconexión en alterna) unos 4 mil habitantes (guaguas, niños, hombres y ancianos, en total), e HidroAysén pretende instalar entre 5 mil y 7 mil trabajadores hombres en un lapso de 5 años, donde propone sólo un 20 % regional. ¿Alguien evalúa el impacto social, cultural e incluso ecosistémico que eso implica? El Estado, en la evaluación del EIA miró para el lado.

    Y, por último, la irreversibilidad de la decisión es algo que siempre se debe considerar. Por último hay otras tecnologías son desmontables, las represas de tal magnitud, no.

  6. Carlos Bohle
    26/05/11 a las 12:29 | #6

    Buen articulo Renato, y quisiera reforzar un poco el punto de las expectativas desmedidas respecto a Hidroaysén, pero hacia ambos lados. He llegado a pensar estos días que “Patagonia Sin Represas” debería ser un aliado solo circunstancial a Hidroaysén, particularmente a todas las voces que consideran que el rechazo del proyecto se debe a vicios particulares de su diseño y tramitación, a diferencia de la campaña de no a las represas, que plantea desde el slogan la no alteración de la región mediante este tipo de obras.
    Mi punto: decir que Hidroaysén solucionará la crisis energética, reducirá la pobreza, evitará los apagones (particularmente cuando las mujeres se sequen el pelo) y otros beneficios similares es una exageración y un abuso. Ahora, a mi me parece que también lo es plantear que Hidroaysén destruirá la patagonia y después será imposible conocerla, sobre todo si consideramos que la Patagonia chilena no es sólo la región de Aysén, y si lo fuera, esta región es apenas un poco menor en superficie que las regiones quinta, metropolitana, sexta, séptima y octava juntas (109.000 km2 vs 114.000). Sé que suena parecido a lo que dicen los promotores del proyecto, y no cambia el cambio que significa la construcción para los ríos afectados. Pero la patagonia, sus bosques y sus montañas no se van a acabar el 2015 (y personalmente creo que las amenazas más grandes vienen de otros lados, más atomizados y menos visibles, como la leña y la acuicultura).
    Finalmente, me sumo a la preocupación por el esquema tarifario y cómo hidroaysén podría no tener efecto en las tarifas. Es momento de cambiar eso. Si estamos esperando que aparezca nueva tecnología para enterrar el CO2, ¿cómo no vamos a poder arreglar lo otro?
    Saludos,

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