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Política Energética: ¿Hacia dónde Queremos (Podemos) Ir?. Introducción

libertad y desarrollo

Primer post de la serie ¿Hacia dónde Queremos (Podemos) Ir?

Chile ha mostrado un importante desarrollo en las últimas décadas, en el marco de una economía abierta y globalizada, lo que se ha visto reflejado en un sólido crecimiento del PIB de 5% promedio real anual durante el período 1990-2009. Lo anterior ha derivado en importantes progresos sociales, con un aumento notable de los ingresos por habitante y una positiva disminución de los índices de pobreza de la población. En particular, de acuerdo a las encuestas CASEN, entre los años 1990 y 2009 se observó un aumento de hogares no hacinados1 de 75,7% a 90,9%; los hogares con acceso a agua potable aumentaron de 86,2% a 94%; los hogares con energía eléctrica se elevaron de 92,7% a 99,6%; y la escolaridad promedio de la población subió de 9,0 a 10,4 años. No cabe duda, pues, que el desarrollo ha permitido crear riqueza y bienestar, lo que incide especialmente en las oportunidades de los más pobres.

En este proceso de crecimiento, el país se ha ido acercando paulatinamente a la meta de alcanzar hacia el bicentenario los niveles de ingreso de un país desarrollado. El año 2009, el PIB de Chile alcanzó US$ 246.000 millones, equivalente a un PIB per cápita de alrededor de US$ 14.300 (ambos a precio de paridad de poder de compra). Si queremos el año 2018 llegar a un PIB per cápita en torno a US$ 26.000 – cifra que se encuentra en el límite inferior de los países desarrollados-, significa que la economía deberá crecer, en términos reales, en torno a 6,1% promedio anual.

La capacidad de crecer está determinada por múltiples factores, entre los cuales, indudablemente, se encuentra el suministro energético. En efecto, la energía es un factor determinante en el desarrollo de la actividad productiva, siendo evidente que su disponibilidad y costo afecta directamente la inversión, el empleo, el crecimiento económico y las posibilidades de desarrollo social del país. Lo anterior se evidencia en la relación histórica existente entre el crecimiento del PIB y del consumo energético total, el que revela un acople perfecto: por cada punto de crecimiento económico, la demanda energética crecía casi en igual porcentaje (en el período 1985-1997 el PIB creció 7,6% promedio anual y la energía aumentó 6,7%; en el período 1997-2007 los crecimiento anuales respectivos fueron en promedio un 3,7% y 3,3%).

Chile: PIB y energía, 1980-2007. Fuente: Synex.

Chile: PIB y energía, 1980-2007. Fuente: Synex.

Es así como Chile ha experimentado un crecimiento significativo del consumo energético en las últimas décadas, particularmente marcado por el sector eléctrico. De hecho, el consumo eléctrico ha aumentado del orden de 6% anual promedio en este período.

El consumo de energía está fuertemente relacionado con los niveles de ingreso, situación que se evidencia en la comparación internacional. Chile consumió 31,5 millones de tep el año 2008 (total oferta de energía primaria, TPES), con una intensidad energética (TPES/PIB) de 0,16 tep/mil US$. El consumo energético por habitante fue de 1,88 tep per cápita, comparado con 4,56 tep per cápita en los países de la OECD, mientras que el consumo eléctrico por habitante alcanzó en el mismo año 3.327 kWh per cápita, contra 8.486 kWh per cápita en los países de la OECD.

Consumo energético y desarrollo económico, año 2008. Fuente: Agencia Internacional de Energía

Consumo energético y desarrollo económico, año 2008. Fuente: Agencia Internacional de Energía

El consumo energético por habitante (primario y eléctrico) en Chile es relativamente bajo comparado con regiones de mayor nivel de desarrollo económico. En materia de energía eléctrica, Chile presenta un consumo por habitante que es cercano a un tercio del consumo de países como Australia y Nueva Zelanda, en tanto que no supera el 25% del consumo eléctrico per cápita de EE.UU. Igualmente la intensidad de uso es relativamente baja en Chile, lo que evidencia que el consumo eléctrico seguirá aumentando en Chile a medida que nos acercamos paulatinamente a nuestra meta de desarrollo.

Consumo de energía eléctrica per cápita, año 2008 ( MWh/cápita). Fuente: Agencia Internacional de Energía.

Consumo de energía eléctrica per cápita, año 2008 ( MWh/cápita). Fuente: Agencia Internacional de Energía.

En consecuencia, no hay duda que la demanda por energía eléctrica aumentará, y solo se podría cuestionar a qué velocidad lo hará. Surge, por tanto, la pregunta de qué debiéramos esperar del desarrollo energético del país; vale decir, cuánto y cómo crecer.

El pasado reciente ya nos dejó varias lecciones en materia de riesgos en el suministro energética, por cuanto Chile se enfrentó en el período 2004-2009 a una combinación de factores – el principal fue el corte del suministro de gas de Argentina, a lo que se agregaron una severa sequía y el alza de precio internacional de hidrocarburos– los cuales evidenciaron la vulnerabilidad del sistema energético del país y el peligro que ello podía representar para la actividad productiva nacional. Si bien la emergencia fue resuelta a través del modelo de mercado vigente 2 y de la acción mancomunada del sector privado y del Estado, a través de la instalación de terminales de GNL, quedó de manifiesto que los temas de seguridad energética, diversificación de la matriz y sustentabilidad ambiental deberían incorporarse en la definición de la política energética.

En términos generales, la política explícita del anterior gobierno y también del actual busca establecer las condiciones para que la demanda de energía sea abastecida en forma segura, económica y sustentable. El desarrollo de mercados competitivos y de precios eficientes constituye aquí un elemento central para lograr la eficiencia económica a nivel de producción y consumo de energía, pero deben agregarse elementos que aseguren el logro de los objetivos de seguridad, diversificación y sustentabilidad ambiental. La respuesta, en cuanto a la forma de actuar para abordar todos estos objetivos, no resulta fácil, en vista de los múltiples factores que se conjugan a la hora de adoptar definiciones concretas. Así, por ejemplo, a la necesidad de impulsar una producción a bajo costo para evitar mayores alzas en el precio de la electricidad y promover una mayor competitividad del país, se suman aspectos relevantes en materia de seguridad y diversidad energética, reducción de contaminantes y protección del medio ambiente, entre otros.

Lo anterior no es muy distinto de lo que enfrenta el resto del mundo, donde el diseño y orientación de la política energética gira en torno a factores comunes, como son los problemas de suministro, el encarecimiento y la volatilidad de los precios de los combustibles fósiles, el reconocimiento del calentamiento global como amenaza, el aumento de riesgos geopolíticos vinculados a la energía, la evolución tecnológica, etc.

1 Se entiende por hogares no hacinados aquellos con 2,4 o menos personas por dormitorio.

2 La respuesta tanto de la autoridad como del sector privado a esta crisis fue positiva, puesto que logró evitar el racionamiento eléctrico. Por el lado de la oferta, se desarrolló el proyecto de GNL, se introdujeron cambios normativos e institucionales, se desarrollaron numerosos proyectos termoeléctricos (sobre la base de carbón y diesel) y se estudiaron una serie de proyectos hidroeléctricos (aún retardados por problemas con los permisos ambientales). Por el lado de la demanda, hubo una rápida reacción al alza de precios, permitiendo un mayor ahorro en el uso eléctrico.

Susana Jiménez es Ingeniero Comercial y Magíster en Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Magíster en Humanidades, Universidad del Desarrollo. Actualmente es investigadora del Programa Económico de Libertad y Desarrollo.

Categories: Política Energética
  1. 20/01/11 a las 12:06 | #1

    Susana

    Concuerdo con la mayor parte, pero difiero en un tema importante. Miras la demanda para atras y concluyes “ha habido historicamente un acople perfecto energia/PIB. Ergo, siempre lo habra”. Ese “ergo” es a mi juicio incorrecto y sumamente peligroso. Son tan acuciantes los problemas derivados del aumento del consumo de energia, que no proponerse meta alguna en terminos de incremento de la productividad por unidad de energia me parece tremendamente negativo. El ejemplo es trillado, pero California se lo propuso y lo logro con creces, desacoplando ambas curvas.

  1. Thursday, 20 de January de 2011 a las 17:52 | #1
  2. Monday, 24 de January de 2011 a las 10:12 | #2