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Punta de Choros: la economía por sobre el patrimonio natural

pinguino_HumboldtHoy he confirmado que las contradicciones e inconsecuencias siempre existirán. En mi blog anterior “Hacia un Chile Verde” destacaba la importancia que el Gobierno y diversos sectores de la sociedad le estaban otorgando al medioambiente con la inédita creación del primer Programa de Adaptación al Cambio Climático (CAS) para la Región Metropolitana y con el lanzamiento del Anda Green Marketing Award para incentivar a las empresas a ser más sustentables y ecológicas en sus procesos productivos. Sin embargo, hoy retrocedimos en esta misión de conservar nuestro patrimonio natural con la fatal decisión de la Comisión Regional de Medioambiente (Corema) de Coquimbo que aprobó la instalación de dos plantas a carbón en Punta Choros enmarcadas en el proyecto termoeléctrico Barrancones de la multinacional Suez Energy.

El resultado de la votación, que se aprobó con 15 votos a favor y 4 en contra, da luz verde para la instalación de la planta a carbón en La Higuera, a unos 25 kilómetros de la Reserva Marina Islas Choros-Damas y la Reserva Nacional de Pingüino de Humboldt. En ellas habita una gran variedad de fauna, entre las que destaca el Pingüino de Humboldt, endémica de la corriente que le da el nombre y que nidifica en estas islas. También existe una importante colonia de lobos marinos, chungungos, pingüinos magallánicos, yacas y delfines nariz de botella. Nuestro patrimonio nacional.

¿Pero de qué sirvieron las 27 mil firmas en todo el mundo que se reunieron para impedir la construcción termoeléctrica? ¿Para qué sirven las campañas en las redes sociales como Twitter y Facebook? ¿Para qué sirve la adhesión de líderes de opinión que se oponen a este proyecto en el video www.salvemospuntadechoros.org? Por lo visto de nada.

Más aún si estas iniciativas constituyen un insulto para la autoridad medioambiental, como lo fue para Pamela Pizarro, evaluadora de la Conama quien afirmó “…andar perseguida, juntaron 27 mil firmas en todo el mundo, me apesté de estos hippies de mierda…”. ¡Respeto por favor señores!

Fernando Dougnac, presidente de la Fiscalía de Medio Ambiente (Fima), señala que la participación ciudadana es fundamental y legal en Chile. “Hay una jurisprudencia de la Corte Suprema que dice que en definitiva cualquier persona puede reclamar ante las infracciones contra el medioambiente porque el medioambiente es patrimonio de todos y todos tenemos derecho a velar para que este se conserve. La ley establece diversos criterios para aprobar o no un proyecto eléctrico. Los principales son la afectación en la salud o bienestar de las personas, otro es el efecto reversible o irreversible sobre los componentes medioambientales como agua, tierra, aire, etc. Para eso los servicios públicos deben hacer preguntas a los ciudadanos sobre estos aspectos”.

Las implicancias de una termoeléctrica en la salud de las personas tiene fundamentos científicos. Hace uno meses estuvo en el país el neurólogo estadounidense Alan Lockwood, Premio Nobel de la Paz, para compartir el informe “Impactos del carbón sobre la salud humana” sobre las graves consecuencias producidas por las emisiones provenientes de la quema de carbón. Este indica que los contaminantes afectan a los principales sistemas de órganos del cuerpo y contribuyen a cuatro de las cinco principales causas de mortalidad en EEUU.

Todos sabemos que nuestro país necesita ampliar y diversificar su matriz energética por la cada vez mayor demanda de ésta. No obstante, todo indica que la economía, los inversionistas extranjeros y el desarrollo de un país será a costa de sacrificar lo único que nos queda: los recursos naturales.

¿Qué hacer entonces para combinar las dos necesidades? Según Francisco Aguirre, ingeniero electricista y director de la empresa Electroconsultores, a quien entrevisté en mi programa Tecnociencia de Cooperativa, “la dependencia sólo de hidroeléctricas es muy inestable porque se agota el recurso hídrico cuando hay sequía, y al no haber agua no hay electricidad. Eso exige que la componente termoeléctrica en un sistema eléctrico tenga que tener mayor proporción y particularmente en Chile la adquirió fuertemente cuando importamos gas a Argentina. La matriz del país se convirtió en un 60 por ciento hidroeléctricas y 40 por ciento termoeléctricas en la zona central con el SIC. A diferencia del Norte donde hay escasez de agua y el 99 por ciento de la matriz está basada en termoeléctricas. Hacia el futuro vamos a integrar energías renovables no convencionales, lo que no es un reemplazo absoluto de las energías comerciales, sino que es un complemento, como es la energía geotérmica y la solar”.

Aguirre da un claro ejemplo respecto a esto: “Si pudiéramos adquirir energía en los supermercados pre pagada entre una tarjeta roja (termoeléctrica sucia), una amarilla (tecnología intermedia) o una tarjeta verde (una tecnología muy limpia). Hoy con la conciencia ecológica muchos optarían por la verde. Pero si nos preguntan el precio nos dirían: por la tarjeta roja tiene que pagar una suma de 100 pesos, por la amarilla 120 y por la verde 200. ¿Entonces, cuál elegiría? Yo creo que la mayoría de la gente optaría por la amarilla por un tema de racionamiento económico y otros sin duda la roja. En cambio en una comuna pobre la mayoría de las personas optarían por la roja porque es mucho más económica, tomando en cuenta que de la matriz que venga la energía ésta es la misma”.

Yo optaría por la verde, aunque fuera un inversión mayor.

¿Pero por qué se sigue optando por la construcción de las termoeléctricas si el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático de la ONU (IPCC) avala que las emisiones contaminantes son perjudiciales para la salud, son los principales emisores de los gases de efectos invernadero y por lo tanto inciden en el calentamiento global y el cambio climático?

Aguirre señala que “Acá hay un tema económico. Uno tiene que preguntarse porque desarrollamos lo que estamos desarrollando. Las decisiones de inversión que se tomaron en los últimos años fueron proclives hacia el carbón porque habíamos perdido el gas natural barato, necesitábamos reemplazar eso porque les pusieron el freno a las hidroeléctricas. La gente no quiere que desarrollemos estas alternativas tradicionales y baratas y nos quiere llevar a un extremo de energías renovables, llevándonos a un desequilibrio que es necesario corregir”.

Y agrega: “Una máquina eólica es muy parecida a una máquina central tradicional, más pequeña, pero hay que construirla en un poste a 150 metros de altura y resulta que el viento yo no lo tengo disponible todos los días y la máquina eólica se desarrolla para una rendición de un 30 y 40 por ciento y es mucho más cara que la construcción de una termoeléctrica. Además una central termoeléctrica tiene tecnología de punta por la cual no contamina tanto a través de los sistemas de abatimiento”.

Por lo visto y expuesto seguiremos contra la espada y la pared. ¿Preservar el medioambiente? ¿Optar por la ampliación de la matriz energética? ¿Seguir luchando como ciudadanos para un fin ecológico? Al parecer los dados están tirados… y lamentablemente los ciudadanos en la lucha por impedir las construcciones de grandes centrales “no tendremos pito que tocar”.

Por Andrea Obaid, periodista y Magíster en Comunicación Científica, Médica y Medioambiental. Conductora y editora del programa Tecnociencia de Radio Cooperativa. Docente del curso Periodismo Científico en la Universidad Andrés Bello.

  1. camila solis rios
    09/05/11 a las 19:27 | #1

    debido al congreso parlamentario este privilegio que tenemos no solo en chile se nos esta acabndo por lo comun por la falta de aclaracion en el ambiente y la exentrica evaporacion devido al agujero de la CAPA DE OZONO

  2. 26/08/10 a las 11:59 | #2

    No quiero alargarme respecto mi decidida apuesta por la eficiencia energetica como estilo de vida, pero reconociendo que los 3300 khh/capita/año de Chile son bajos y que necesariamente vamos a tener que crecer, y que la alternativa mas barata es el carbon (aunque no estoy sugiriendo que los precios sin externaliadades sean lo unico relevante) quiero marcar algunos contrapuntos con la columna de Andrea

    - Te preguntas “de que sirvio la participacion ciudadana”?. La participacion ciudadana tuvo el espacio que le corresponde, y a la postre sirvio incluso para desplazar el proyecto (aunque la columna se escribio antes de esa informacion) pero si todo pronunciamiento de la autoriadad opuesto a la ciudadania permitiera afirmar que esta no fue escuchada, solo quedaria como alternativa para realmente “escuchar” pronunciarse siempre en la direccion que ella desea.

    - Es importante notar que, en terminos de contaminantes atmosfericos locales, hay un mundo de diferencia entre Barrancones y las carboneras antiguas. Los SOx y los NOx se han reducido notoriamente (aunque las emisiones de CO2 no han bajado mas alla de la mejoras en eficiencia)

    - Finalmente, no me queda claro si te opones a la localizacion o, mas radicalmente, a todas las carboneras en su conjunto. Si es asi, es imprescindible tener claridad de los precios que le estamos imponiendo a la sociedad. Los numeros de Aguirre por supuesto son solo un ejercicio.

  3. Rodrigo Moreno
    26/08/10 a las 11:36 | #3

    Es un hecho que el país va aumentando sus requerimientos energéticos a medida que pasa el tiempo. Nuestra economía crece y cambian nuestros hábitos. Si se construye esta central, que dio un gran paso con la aprobación ambiental, es porque existe una necesidad que satisfacer y eso en parte es culpa de todos (o prácticamente todos) nosotros. No seamos hiprócitas y aprovechemos esta oportunidad para ser autocríticos. Desde cosas tan simples como ¿Apagamos las luces cuando no estamos? ¿Dejamos el PC prendido en la noche? Si bien la eficiencia energética en el hogar no es la solución si es un aporte y ayuda a concientizar. Seguro que de las 27.000 firmas 26.000 no se preocupan en el día a día y eso es un problema de edcucación
    Ahora hablando del tema específico de esta central. Todos sabemos que las termoeléctricas que utilizan el carbón como fuente primaria de energía son las más contaminantes en términos de CO2 y probablemente también en contaminación local y nadie las quiere, ni cerca ni lejos. Pero la realidad nos demuestra que hoy en día es una alternativa economicamente muy atractiva tanto para el desarrollador como para el sistema ya que ayuda a bajar el precio de energía (y seamos sinceros, a nadie le gusta que suba el precio de la electricidad y todos se quejan cuando lo hace por lo que nuevamente somos cómplices). El carbón es barato y el factor de planta puede ser muy alto. Y eso es todo lo que interesa al desarrollador de este proyecto. El costo ambiental no se considera y por lo tanto se puede entender que las termoeléctricas son subsidiadas (como bien se explica en otro articulo de esta página) porque no se hacen cargo del daño que generan al medio ambiente. Como bien dice Carlos Barría este es un tema que debe abordar la autoridad y mientras esta no lo haga vamos a seguir lamentando este tipo de hechos. Acá el culpable no es el que funcionario de la Conama o de otro organismo que vota la aprobación. Él se mueve dentro de un marco normativo que respalda al proyecto y no podemos exigir ni a él ni a Piñera que se salte la ley y hagan lo que quieran. Hay que exigir cambios normativos. Si bien este tipo de centrales son necesarios (se puede discutir en que grado) es inaceptable que se construyan en lugares donde el el valor ambiental es inmenso.
    Algunos comentarios a parte:
    i. Sorprende la falta de visión (y de moral me atrevería a decir) de Suez al ubicar ahí su proyecto.
    ii. Ojo que a unos 5 km de donde se piensa instalar Barrancones existe otro proyecto en evaluación ambiental. Central Cruz Grande, termoeléctrica a carbón de 300 MW.
    iii. Es super positivo el movimiento ciudadano en torno al tema, pero espero que esto no se trasforme en una caza de brujas. Esa especie de fundamentalismo ambiental que se ha instaurado y que en el último tiempo genera rechazo a cualquier tipo de proyecto eléctrico (incluidos los hidroeléctricos), a menos que sea ERNC, es muy peligroso y contraproducente. Creer que vivimos en un mundo utópico donde las ERNC solucionan el problema es más dañino que aceptar la realidad que siempre habrá daños, pero que estos se pueden minimizar.

  4. Carlos Barría
    25/08/10 a las 23:17 | #4

    Nuestra Carta Fundamental, la Constitución Política en su Art. 19. N°8 asegura a todas las personas “El derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación. Es deber del Estado velar para que este derecho no sea afectado y tutelar la preservación de la naturaleza” y deja en la Ley el establecimiento de restricciones específicas.

    Sin embargo, lamentablemente, no ha existido VOLUNTAD POLÍTICA para legislar al respecto de muchas materias que están hoy dejando sin regulación específica a las termoeléctricas, lo que impide representar de forma explícita las externalidades de dicha tecnología y tener una regulación efectiva para su control.

    Sólo un ejemplo, la tramitación de la Norma de Emisiones para Termoeléctricas que hoy se encuentra en Anteproyecto siendo “re-analizada” por el Ministerio de Medio Ambiente, comenzó el 26 de marzo de 1999, más de 7 años pasaron, para que el 10 de julio de 2006 se inicie el proceso de elaboración en CONAMA, que luego de 4 años todavía está en revisión.

    El proyecto Barrancones cumple la normativa vigente, y debido a la pobre densidad legal de nuestra regulación ambiental, dejamos en funcionarios de la Administración las potestades subjetivas para aprobar un proyecto con las características e impactos que tienen las Termoeléctricas.

  5. Sebastián Leyton
    25/08/10 a las 09:06 | #5

    Andrea,

    te felicito, muy buena columna, al hueso del problema al cual nos estamos enfrentando en nuestro país. Si fuera por simple declaración de intenciones (sin tener en cuenta costos), todos apoyaríamos las energías renovables no convencionales. Sin embargo, nos encontramos en un momento que no podemos esperar implementarlas, sin que afecte las tarifas eléctricas en demasía. La disyuntiva, del desarrollo sustentable versus energías baratas (que tiene un componente social), es una discusión que puede ser infinita.

    Ojalá tuviéramos la opción de tener más ERNC. Algo que me consuela levemente, es que ahora tenemos un objetivo al 2020 de que el 20% de la electricidad inyectada a las redes provenga de ERNC, versus el objetivo legal de la Ley 20.257. Sin embargo, seguiremos estando en presencia de esta tragicomedia energética chilena por varios años.

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