Central San Pedro: Una mirada de país
La construcción de la central San Pedro, tras la severa oposición que sufrió durante su proceso de evaluación ambiental, entra en tierra derecha. Para formarse una opinión de la conveniencia de esta central es importante reconocer dos premisas básicas:
1. El país necesita energía. La meta de congelar la capacidad instalada y concentrar todos los esfuerzos en el uso eficiente de la energía puede ser adoptada por países como Noruega, Estados Unidos o Canadá, que alcanzan altas cifras de consumo de energía per cápita. Sin embargo, Chile sólo consumió el equivalente a 3.300 kwh/per cápita de energía eléctrica el año 2007, aún lejos de los 8.500 kwh/per cápita de los países de la OCDE. A estas alturas de nuestro desarrollo, pretender congelar la demanda, por muy eficiente que seamos, equivale a vedarle a un segmento de la población su acceso a bienes y servicios que muchos consideramos básicos. Debemos hacer esfuerzos sistemáticos y plantearnos metas ambiciosas en el ámbito de la eficiencia energética, pero no podemos pretender que ello sea suficiente. Estos temas serán abordados en detalle en futuros posteos de Central Energía.
2. No hay panaceas a la hora de generar energía. No es posible generar electricidad sin impactos ambientales. Incluso las energías renovables no convencionales pueden requerir grandes extensiones de terreno y largas líneas de transmisión a las líneas troncales.
En vista de ello, la evaluación de la Central San Pedro no debe plantarse en términos de si produce o no impactos ambientales -como toda central, los produce- sino de si acaso dichos impactos son mayores o menores a las alternativas disponibles.
Pese a lo que se ha dicho, la central San Pedro NO es una central de pasada. Se creará un embalse de 282 hectáreas, de las cuales 132 son hoy parte del lecho del río San Pedro. La confusión se produce porque es una central de embalse sin regulación de caudal. Es decir, a diferencia de los embalses tradicionales, que pueden almacenar agua y regular así el caudal de salida para optimizar la energía generada (Rapel, Ralco, Colbún), esta central mantendrá permanentemente el caudal natural del río, evacuando por sus turbinas lo mismo que ingresa desde el lago Riñihue.
¿Qué tan significativo es dicho impacto? Para formarse una idea, es valioso comparar la superficie inundada en relación a la energía generada, pues ello da una idea de cuanto nos cuesta ambientalmente una unidad de energía. La figura de le derecha muestra que esta es una de las centrales más eficientes de Chile, al generar 338 GWh al año por cada kilómetro cuadrado de área inundada. La central Rapel, por ejemplo, sólo logra generar 17 GWh al año por cada kilómetro cuadrado inundado.
Por supuesto, esta cifra no es la única a tomar en cuenta. Debe considerarse también el valor del ecosistema que se modifica. No es lo mismo, por ejemplo, el cajón del Río San Pedro que el secano de la región de Coquimbo. Sin embargo, es claro que no resulta fácil concebir centrales de hidroeléctricas de embalse con menor impacto ambiental que la central San Pedro en relación a la energía que es capaz de generar.

Futuro embalse San Pedro. Imagen: Modificada del Estudio de Impacto Ambiental de la Central San Pedro. Colbún S.A.
¿Qué ocurre con las otras alternativas renovables? Aunque sus precios bajan rápido, resultan aún significativamente más caras. Y existen otras barreras. Para el caso eólico, por ejemplo, debe considerarse un techo en su participación en la matriz total por su variabilidad natural. La solar, por su parte, requiere de grandes extensiones de terreno; para generar la energía que entregará la central San Pedro, por ejemplo, se requerirían del orden de 1.600 hectáreas, casi 6 veces más que el embalse asociado a esta central. Las centrales geotérmicas, además del riesgo inherente a la exploración, suelen instalarse en lugares de alto valor turístico (como el Tatio o Termas de Chillán) y alejados de las líneas troncales, lo que demanda largas líneas de transmisión. Estos temas también serán abordados en detalle en futuros posteos.
Reconociendo el innegable impacto ambiental de la central San Pedro, no es fácil concebir alternativas más amigables en el corto plazo para satisfacer la también innegable necesidad de energía del país.
Por Joaquin Barañao, cofundador y editor de Central Energía.


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